Venezuela: A muerte lenta

Lejos de vislumbrase una salida a la grave crisis que atraviesa Venezuela, a medida que pasan los días el bucle de sainete en el que está sumido el gobierno de Nicolás Maduro se enreda cada vez más. Claro está, en medio de esta farsa chavista, la tragedia la protagonizan los cientos de heridos y al menos 96 muertos, víctimas de la violencia que ejerce la policía política en las manifestaciones antigubernamentales que no cesan desde abril.

Ahora a este caos general, que alimenta un régimen que vive de sembrar el terror para justificar la autocracia, se ha sumado un episodio protagonizado por un funcionario de las Brigadas de Acciones Especiales. Sucedió este martes, cuando un hombre identificado como Oscar Pérez sobrevoló el Tribunal Supremo de Justicia en Caracas, a bordo de un helicóptero de esta división de la policía científica. Según el gobierno, Pérez, acompañado de un sujeto encapuchado y exhibiendo un cartel con la proclama “350 libertad -haciendo alusión al artículo de la Constitución que llama a desconocer a “cualquier régimen” que vulnere los principios democráticos- efectuó disparos y lanzó dos granadas sin causar mayores daños.

Por sus vídeos lo conoceréis: con un físico de Geyper Man este piloto de helicópteros, buzo, paracaidista y actor en una película titulada “Muerte Suspendida”, en su cuenta de Instagram “colgó” un vídeo conminando al pueblo a sublevarse “por la libertad” y exigiendo la renuncia de Maduro. Como una suerte de acartonado héroe de cómic, Oscar Pérez afirma, “Somos guerreros de Dios”.

No ha faltado tiempo para que el gobernante venezolano denunciara que hay un “golpe” en marcha contra su revolución bolivariana. Su ministro de Comunicación e Información, Ernesto Villegas, acusó al piloto díscolo de estar al servicio de la CIA y de la embajada de Estados Unidos en Caracas. Y ya señalaron a Miguel Rodríguez Torres, quien fuera ministro de Interior y Justicia y hoy crítico del chavismo, de estar detrás del “complot”, asegurando que el supuesto “golpista” fue su piloto, algo que ha desmentido Rodríguez Torres, pues, según él, sólo volaba con pilotos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN).

Hasta el momento no se sabe a ciencia cierta cuáles son las motivaciones del piloto “subversivo” que ha protagonizado una breve escena más propia de un filme de acción que de un acto golpista. Pero una vez más se confirma que Maduro recurre a cualquier excusa para avanzar en su plan de estrangular lo que queda de estado de derecho con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente prevista para el 30 de julio.

El presidente de Venezuela lo ha dicho bien claro: si continúan las protestas en las calles, el gobierno defenderá el chavismo “con las armas”. Y Vladimir Padrino López, al frente del ministerio de Defensa, ha exhortado a la Fuerza Armada Nacional a hacer uso de “instrumentos más letales” contra los “enemigos de la revolución”. Señales inequívocas de que no se detendrán para consolidar la dictadura porque es el único modo de sostener malamente lo insostenible. A fin de cuentas, su ejemplo a seguir siempre fue el sistema fallido que en Cuba impusieron Fidel y Raúl Castro hace la friolera de casi sesenta años. Sólo la represión feroz ha mantenido en pie el modelo castrista que en su día inspiró a Hugo Chávez.

Por desgracia habrá más muertos, más encarcelados, más hambruna y más quebranto. Es lo que sucede cuando la única razón de ser de un gobierno es aferrarse vilmente al poder. Venezuela está atrapada en una espiral de muerte dolorosa y lenta.

F/Elmundo.es