Venezuela: la dolarización de la economía permite multiplicar los ahorros en bolívares

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Los venezolanos consiguen cada día más bolívares por un magro dólar, aumentando así sus reservas monetarias. Los ingenuos de siempre prefieren usar la despreciada moneda norteamericana para pagar renta, comprar una camioneta, o viajar al exterior

Una de las grandes profecías enunciadas por el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez Frías data del 2009. Ese año, Chávez dijo que no podía confiarse en el dólar pues se trataba de “un pedazo de papel carente de respaldo alguno”.

Ni siquiera hoy este corresponsal pondría las manos en el fuego por el dólar. Y es evidente que en los seis años transcurridos desde esa profecía el bolívar fuerte, la moneda oficial de Venezuela, ha aumentado vertiginosamente su cantidad en relación a la moneda norteamericana.

Ahora, a cambio de un dólar, se pueden recibir entre 350 y 400 bolívares, un montón de billetes. Y la ventaja mayor es que, a diferencia del dólar, los bolívares están al alcance de cualquier habitante del país, sin distinción de clases o de etnias.
Otro beneficio del bolívar es que siempre aparece flamante.

Apenas sale de las incansables prensas financiadas por el Banco Central desaparece de la circulación, como si se lo hubiera tragado la tierra. Muchos utilizan esos suculentos fajos de billetes para adquirir productos básicos, o para canjearlos por divisas foráneas, ya sea el dólar, la libra esterlina, el euro, o el yen. Y no es por falta de patriotismo, sino por razones prácticas.

En primer lugar, no hay bolsillo o cartera de mujer que pueda albergar tantos bolívares. En segundo lugar, algunos productos no se cotizan en bolívares, sino en dólares.

El portal noticioso ipezone.blogspot.com dijo que “es todavía posible adquirir en Venezuela una reluciente camioneta Ford, alquilar un apartamento ´chic´en Caracas, y comprar un ticket para volar a Miami en American Airlines, siempre que no se use la moneda oficial”.

A medida que “la nación sudamericana cae en barrena en el caos económico, una cifra creciente de productos no solo se hallan de manera figurativa fuera del alcance del consumidor promedio, sino que literalmente no pueden ser adquiridos en bolívares”.

Al parecer, la fabulosa emisión de billetes por parte del Banco Central, no es considerada una apreciación, sino una depreciación del bolívar. Por alguna razón que solo hubiera podido explicar el comandante eterno, con su innata sabiduría, cuanto más billetes se imprimen de una moneda nacional, menos valor tienen.

Claro está, dudar de la palabra de Chávez es casi como dudar de la Inmaculada Concepción. Pero todos aquellos que descreen del Ave María, prefieren que les paguen sus mercancías en ese pedazo de papel carente de respaldo alguno que es la divisa estadounidense.

LOS PELIGROS DE LA DOLARIZACIÓN

Un fantasma está recorriendo Venezuela de manera subrepticia: el fantasma de la dolarización. Si el gobierno del presidente Nicolás Maduro no frena esa macabra tendencia a confiar en divisas extranjeras, el sueño de la Revolución Bolivariana estará cada día más alejado de la mayoría de los venezolanos.

La empresa que abrió las compuertas del mayor peligro económico que acecha a Venezuela fue Ford Motor Company. Funcionarios del sindicato que agrupa a los trabajadores de la compañía dijeron que se había llegado a un acuerdo para que Ford pudiera vender sus camionetas y SUV solo en dólares.

Algunas semanas antes, y a la chita callando, American Airlines anunció que no vendería más pasajes en bolívares para ninguno de sus 19 vuelos semanales desde Venezuela. Los clientes deben ahora usar una tarjeta de crédito emitida fuera del país a fin de comprar los pasajes online.

De acuerdo a ipezone.blogspot.com, “virtualmente todas las aerolíneas extranjeras han hecho el mismo canje, con la aprobación del gobierno, según La Asociación de Aerolíneas de Venezuela”.

Varios analistas han dicho que la subrepticia dolarización de la economía venezolana es la manera de impedir que las empresas multinacionales abandonen el país.

Citan el ejemplo de Clorox, que decidió cesar sus operaciones citando como problemas básicos el control de las divisas, la escasez de suministros y la inflación. (En esa época, la inflación era risible: apenas llegaba al 68 por ciento anual).

EL ÍNDICE DE MISERIA

Steve H. Hanke, profesor de Economía de la universidad Johns Hopkins de Baltimore, ha sido asesor de varios gobiernos en Europa y en América Latina, entre ellos Venezuela, en la década del noventa.

Hanke ha creado el llamado “misery index,” o índice de la miseria, para señalar qué países se encuentran en peor situación a nivel mundial. En el caso de América Latina, Venezuela se halla al tope, seguida por Argentina. Al final de su tabla, figura Panamá, con el índice menor de miseria.

Obviamente, Hanke es un firme partidario de la dolarización de la mayoría de las economías afectadas por el índice que es, según explica, “una simple suma de inflación, tasas de préstamos bancarios y desempleo, menos el crecimiento anual per cápita del Producto Bruto Interno”.

El mayor puntaje en el índice de miseria”, dijo Hanke, “significa que el país, y sus pobladores, son los más miserables. En realidad, es una tabla donde nadie quiere figurar en primer lugar”.

La tabla es encabezada por el gobierno de Maduro, con un índice de miseria de 106,03. La causa principal, indicó Hanke, es la inflación anual, que pronto podría superar los tres dígitos, esto es, más del 100 por ciento anual.

En el caso de Argentina, el principal problema es la alta tasa bancaria. Al final de la tabla, hay cuatro países cuyas economías funcionan aproximadamente bien: Ecuador, El Salvador, México y Panamá.

De esos países, solo México no ha dolarizado su economía, dijo Hanke. El principal problema de México es el desempleo. (Ecuador dolarizó su economía en el 2000, El Salvador en el 2001, y Panamá hace un siglo).

EL MAL MENOR

Los admiradores de la Revolución Bolivariana han señalado que la dolarización muy difícilmente afecte a la mayoría del pueblo venezolano, que nunca contó con dinero suficiente para rentar apartamentos chic, manejar camionetas Ford o hacer turismo, ni local ni internacional.

Y además, ahora que el acoso a funcionarios gubernamentales por parte de medios de prensa foráneos se ha hecho más estridente, difundiendo presuntas investigaciones relacionadas con la venta de fármacos sin receta médica, el pueblo observa agradecido que sus representantes han decidido aferrarse a la patria del sol amada con uñas y dientes. Es como si fuera de las costas venezolana acecharan las diez plagas de Egipto.

Excepto por el presidente Maduro, que a veces está obligado a recorrer países foráneos con una comitiva de 560 personas para defender la soberanía, el resto de los representantes de la nación prefieren permanecer dentro del territorio nacional, generalmente a unos cien kilómetros de distancia de las diversas fronteras.

En ocasiones, suelen mojar los pies a orillas de la extensa costa, por temor a que las fuertes correntadas los arrastren fuera del mar territorial y sean cazados por alguna cañonera imperial.

La permanencia de tantas personas de alto rango dentro de los confines de Venezuela es una garantía para todos sus habitantes. Ellos sí confian en el bolívar, y todos sus magros gastos los hacen en la divisa patria.

Esos funcionarios, tras haber renunciado a los viajes, tienen más tiempo para escuchar de los venezolanos las escasas quejas y agradecer las abundantes bendiciones por la excelente administración de los recursos naturales y fiscales. Además, esos adalides son la mejor garantía de que Venezuela es el paraíso en la tierra. Juran que no están dispuestos a cambiarla ni por Disneyworld.

F/ Talcualdigital.com -@mszichman:marioszichman.blogspot.com

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