Aunque el Vaticano se ha apuntado varios logros en diplomacia internacional, el caso venezolano parece necesitar más que ayuda celestial. Nicolás Maduro volvió a pedir intervención de Francisco.

Una señal (divina quizás) de que el diálogo en Venezuela es una tarea que requiere más que la ayuda del Espíritu Santo, se dio en diciembre del año pasado. Entonces, la Santa Sede informó que renunciaba a enviar a monseñor Claudio María Celli —delegado del papa para la mesa del diálogo— a un encuentro entre el gobierno venezolano y la oposición. Así de escueta fue la carta.

Sin embargo, en una comunicación anterior, el Vaticano ya hacía sentir su malestar por lo “poco alentadores que han sido los resultados del diálogo” y pedía que se cumpliera con el compromiso de un calendario electoral.

Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano y un hombre que se ha movido desde hace años tras bambalinas en la política mundial, exhortó en una nota al gobierno venezolano a cumplir con los acuerdos trabajados con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y resaltó “la implementación de medidas para el abastecimiento de comida y medicamentos, el respeto a las decisiones del Congreso, el llamado a elecciones generales y la liberación de presos políticos”.

Llamados que, aunque venidos de representantes celestiales, le sacaron el diablo a Diosdado Cabello —número dos (otros dicen que uno) del gobierno chavista—, quien respondió: “No nos metemos con los padres acusados de pedofilia, no se metan en los asuntos internos de los venezolanos”. El portazo final.

Pero ahora resulta que el presidente, Nicolás Maduro, sí quiere que se metan. Informó que tramita una reunión con el papa Francisco para reactivar el diálogo. “Se está gestionando, ojalá se dé, un encuentro con el papa Francisco en el Vaticano (…) Ojalá en ese encuentro nuestra delegación y la delegación de la derecha (…) nos demos un abrazo”. 

La oposición se niega a poner la otra mejilla. El 26 de enero calificó el proceso como “un capítulo cerrado que no se volverá a abrir”. La última vez que accedieron a sentarse a la mesa de diálogo con el Gobierno pagaron un precio muy alto. Hoy la MUD está en una grave crisis. Jesús Torrealba, secretario ejecutivo de la organización, aseguró que la oposición no supo administrar “de forma unitaria y eficiente el enorme capital político obtenido con su triunfo en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015”.

Se refiere a las profundas divisiones internas, que se profundizaron con el último intento de diálogo y a la pérdida de respaldo por haber “bajado los brazos antes el oficialismo”. Según encuestas, la MUD perdía 15 puntos de respaldo popular hasta finales del año pasado.

Por todo esto es realmente muy poco lo que puede hacer Francisco. “Salvo que su intermediación garantice que el gobierno permite establecer un calendario para las elecciones regionales y locales, la intervención del Vaticano no tiene sentido”, explicó Ronal Rodríguez, internacionalista de la Universidad del Rosario.

Con el reducido capital político que les quedó —luego de haber convocado masivas marchas en 2017 y lograr unir por la grave crisis económica y social a sectores tradicionalmente chavistas y opositores—, la oposición no puede repetir el error de ir a un diálogo sin nada en la mano.

Opción que parece estar en el más allá. Voceros chavistas, en un acto de desfachatez extrema, han decidido reconocer que la crisis económica es tan grave (antes la negaban) que no se podrían realizar elecciones. “Ante una situación económica como la que vive el país, no se puede gastar el dinero en elecciones”, señaló Héctor Rodríguez, uno de los voceros chavistas en la Asamblea Nacional (AN). Irónico, teniendo en cuenta que el chavismo se legitimó por años en las urnas.

“Lo único que podría hacer el papa es obligar al Gobierno a establecer un calendario electoral este año en el que se vislumbre las regionales y locales. Sólo en función de eso podría sentarse la oposición”, agrega Rodríguez.

Pero está claro que el papa no obliga. Su éxito para restablecer las relaciones entre Cuba y Estados Unidos contó con la buena voluntad de representantes de ambos países. Entonces, ¿quién podrá ayudar a los venezolanos?.

F/Elespectador.com

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