Vivir el calvario para legalizar papeles y regresar con manos vacías

97020_338x198_0531519001436064004Uno de los requisitos importantes para quienes aspiran buscar una vida mejor fuera de Venezuela es apostillar los documentos de estudio, trámite que debe hacerse en Caraca.

A las 12 de la noche comienza la travesía desde Barcelona con destino a Caracas. Es la alternativa que más se adecúa a los tiempos y al bolsillo para poder estar en la capital a primera hora de la mañana y legalizar documentos académicos ante la sede principal del Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria. ¿La razón? Cumplir uno de los requisitos para intentarbuscar una vida mejor fuera del país.

Dos horas de carretera, la unidad se detiene en plena vía por una falla mecánica. La angustia hace su primera aparición. Los recuerdos de historias de buses asaltados en las carreteras nacionales toman la delantera. Cerca de 60 minutos de nervios trasncurren lentamente mientras el chofer resuelve el problema.

Pasadas las 3:00 am, una piedra perfora uno de las ventanas del bus. “¡Nos quieren robar! Los malandros lanzan objetos para que los autobuses se detengan. A una prima le pasó así una vez”, asegura un pasajeros. El conductor continúa, como programado o acostumbrado a estos hechos.

A pocos kilómetros, una patrulla de la Guardia Nacional Bolivariana detiene la unidad. Tres uniformados la abordan. Portan armas largas y requisan el equipaje de los viajantes. Sus caras de pocos amigos, la oscuridad y la tensión hacen que el silencio por miedo se rompa: “Andan buscando qué quitarle a la gente, mientras los choros que nos atacaron hacen de las suyas con otro autobús. Este país funciona al revés”, suelta entre nervios y rabia una voz de la nada. Caras palabras: 500 bolívares y tres paquetes de harina de maíz que lleva en su maletín pasan a manos de la autoridad. “Al revés. Funciona al revés”, murmuran, casi imperceptiblemente, otros.

Caracas está cerca. Guarenas lo anuncia. El aire acondicionado se apaga y así, en huelga, se mantiene el resto del viaje. Son 60 pasajeros a bordo de un buscama ejecutivo (así lo describen en la taquilla) que bajan en el terminal privado de la línea con paso apurado. “Al menos llegamos”. Consuelo de varios. Faltan 15 minutos para las 5:00 am.

“¿Trajo la cita impresa?”

600 bolívares cuesta el servicio del taxi desde el terminal de pasajeros hasta la sede del Ministerio, ubicada en la calle Este 2, en la antigua Torre del Banco Caribe, en el pleno centro de Caracas.

Apenas el cielo aclara. 12 personas aguardan sentadas a lo largo de la escalera principal del edificio. Al pie de la escalinata está un señor, de unos 50 años de edad, quien desde hace más de un lustros es conocido por vender “el primer cafecito del día” a todo el que pasa por allí.

“¿Viene a legalizar o a retirar documentos? Si viene a retirar, haga la colita del lado izquierdo, si viene a legalizar, ¿trajo la cita impresa?” La pregunta dibuja un signo de interrogación en el aire y en varios rostros. Antes de cualquier reacción, una señora que encabezaba la cola explica: “Ahora es por cita. Anótate en la lista a ver si logramos que se compadezcan de quienes nos echamos el viaje en vano”.

La ira se siente en las palabras de la señora de piel canela y hablar pausado. La noche anterior había viajado desde Margarita con la intención de legalizar el título de su hija de 21 años, quien en un mes se irá a estudiar a otro país.

Al igual que varios trasnochados, la margariteña se enteró de la nueva modalidad en la voz del vendedor de café. “Ese control de citas no está visible en la página web del Ministerio. No puede ser que uno se entere de los cambios cuando llega aquí. Es injusto que yo haya gastado un dineral en pasajes y hotel y regresar con las manos vacías”.

La preocupación se la transmiten unas 20 personas que en menos de una hora llegan para realizar el mismo trámite, y que se encuentra en la misma situación: No tienen cita.

Tormento burocrático

“Este es el calvario que vivimos quienes nos queremos ir demasiado, no es justo que hasta para largarse a buscar un futuro mejor se tenga que sufrir tanto”, reclama una joven de nombre Monic, al tiempo que ajusta el cojín de plumas color fucsia que lleva consigo para intentar suavizar la rigidez de los escalones que le sirven de asiento.

“Soy la segunda en la lista, estoy aterrada porque la próxima semana me voy a vivir para Panamá y ahora me encuentro con la noticia de que sin cita no atienden. Hoy no me muevo de aquí hasta que me reciban mis papeles”.

Monic es ingeniera industrial. Su esposo es administrador de empresas y hace apenas un mes se fue a ciudad de Panamá con una promesa de trabajo que finalmente no se dio. Pese al desempleo, ambos están decididos a aprovechar sus ahorros para establecerse en esa nación.

El testimonio abre paso a una tertulia que además de hacer más llevadera la espera, permite que aflore la espontaneidad de quienes sin conocerse se confiesan parte de sus vida, sus planes, sus angustias y sacrificios.

“Vengo llegando de Guri. Tengo que enviar mis papeles a una empresa colombiana a finales de mes. Me dijeron que si mostraba mi pasaje de ida tal vez me agilizaban el trámite”, comenta una joven mientras organiza los papeles que lleva en una carpeta.

7:30 de la mañana. La fila crece. De unas 50 personas con títulos en mano, aproximadamente la mitad lleva consigo la tan anhelada cita. Un nuevo tema aparece, pues el tener ese requisito no es suficiente. Al menos eso se desprende de lo que explica Carolina Martínez, una doctora de 28 años de edad, quien en el mes de agosto dejará el país para establecerse en Argentina. “Yo tengo cita para hoy, pero hace tres semanas pasé por lo mismo: me vine desde Puerto Ayacucho y llegué a las 10 de la noche a hacer cola porque supuestamente repartían 100 números diarios, fue en ese momento en el que me encontré con un pendón que decía que ahora era por cita”.

La desinformación plantó su bandera desde hace rato en este territorio que deben transitar quienes aspiran emigrar.

Bastante dinerito

Además de la incertidumbre de saber si serán atendidos por los funcionarios públicos, surgen quejas en cuanto a la inversión que económicamente una persona debe realizar para autenticar sus documentos.

Vanessa Guzmán tiene 21 años. Viajó desde Barquisimeto para poner en regla sus documentos. Es profesora de matemáticas. Su plan es irse a vivir a Ecuador en septiembre pero sin los papeles todo se le dificulta.

“Me voy porque aquí los educadores no tienen buena remuneración. Por eso estoy invirtiendo mis ahorros en preparar mi salida pero sólo en trámites he gastado más de 20 mil bolívares”.

Guzmán asegura que la información emitida por las entidades públicas es engañosa y que para todo trámite legal hay que ir preparado para “pagar vacuna”.

“Son tan corruptos que te dicen ‘Este es un trámite completamente gratuito’, pero es falso. Hay que venir con bastante dinerito en los bolsillos porque todo cuesta, debes pagar estampillas, entregar hojas blancas tamaño oficio y algo adicional para que el agente te resuelva rapidito”.

El reclamo de Vanessa se fundamenta en quienes le sacan partida a la reventa de estampillas, sobres, carpetas y hojas de papel bond blancas, en los alrededores de la oficina pública.

“Cada documento debe ir acompañado de una hoja tamaño oficio que cuesta 20 bolívares. También debes comprar una estampilla de 0.5 unidades tributaria para cada oficio, esas valen 75 oficialmente pero por aquí sólo las puedes comprar a 90 bolívares al señor de chaleco y gorra que está sentado al otro lado de la acera”, explica el señor del café a los presentes.

Conservar la calma

A las 8:30 de la mañana la cola se transforma en un enjambre. La gente se aglomera en la entrada de la oficina que ya va a abrir sus puertas. Tres efectivos de seguridad ponen orden.

Ante la insistencia de quienes no están convocados para se atendidos ese día, uno de los oficiales hace uso de la fuerza de su voz para dejar claro que “Únicamente serán recibidas las personas que se hayan registrado en la página y tengan su comprobante de cita”.

De nada sirvieron los argumentos de quienes se ven afectados por este anuncio. El asesor que les dio la audiencia les da la misma respuesta: “El reglamento es igual pa’ to’ el mundo; sin cita no se puede hacer nada. Si quieres, regístrate en la página y espera a que llegue tu turno. Si te vas del país, manda a un familiar a que te haga la diligencia”.

Lágrimas, rabia y resignación invaden los rostros de quienes regresarán a casa sin lograr su cometido.

Lo que antes se hacía por orden de llegada, cambió. Varios quedan en el aire. Ahora, en el portal web se lee: “El proceso de asignación de citas puede demorar de días a semanas debido a la alta demanda de solicitudes, por lo que recomendamos conservar la calma y esperar a que su cita sea asignada”. Para septiembre toca de nuevo hacer la cola, ya con el código asignado por el sistema en mano y esperar que no haya nuevas reglas.

“Venezuela nunca fue exportadora de migración”

El éxodo de venezolanos es según algunos especialistas, un fenómeno cuyas cifras han crecido progresivamente durante los últimos 15 años.

El abogado y especialista en temas migratorios, Alfredo Zuloaga explica que cada vez es más visible el número de personas que inicia un proceso con miras a reubicarse en otra parte del mundo.

“Más allá del drama particular que vive quien busca una salida legal de Venezuela, se trata de un proceso de fuga de talentos que antes no se había visto en el país. A través de conversatorios y talleres en los que he participado, he podido percibir cómo las personas se van en busca de mejoras en cuanto a calidad de vida, seguridad y economía, aún cuando en el fondo no quieren dejar su patria”.

Zuloaga manifiesta su preocupación sobre el poco interés que el gobierno venezolano ha puesto respecto al tema.

“Es un problema grave, algunos estudios indican que más de 1 millón 600 mil personas, en edades comprendidas entre 25 y 40 años se han marchado. De ese número, se ha comprobado que el 90% está conformado por profesionales. El gobierno debería ponerle atención a este tema y para tratar de revertir esta situación porque difícilmente el que se va, regresa”.

Sobre la posibilidad de no retornar al país, el sociólogo de la Universidad Central de Venezuela y autor de la investigación sobre la diáspora en el país, Tomás Páez también dio su opinión.

“Venezuela nunca fue exportadora de migración. Sin embargo, en los últimos 15 años, los números han aumentado de manera sostenida, y los motivos están ligados fundamentalmente a la realidad política y económica”.

El especialista agregó que de acuerdo con las encuestas que ha realizado a un grupo de 900 venezolanos que hacen vida en más de cuarenta países del mundo, la mayoría ha manifestado su interés por regresar a Venezuela, si el panorama político mejorara.

“Yo diría que con este fenómeno queda demostrado que más que una fuga, hay una circulación de cerebros que están aportando su talento a grandes empresas del mundo. Lo curioso es que la mayoría de los encuestados expresan su interés por sentirse útil a su patria, incluso trabajando desde afuera”.

F/Eltiempo.com.ve

 

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