¿Es Venezuela una dictadura?

Los académicos se rascan la cabeza debatiendo un calificativo para el Gobierno de Maduro, mientras los indicadores democráticos languidecen y el chavismo se aferra tan solo a la legitimidad de origen.

“Nosotros decimos como Allende, vamos a gobernar sin parlamento”. La frase la lanzó el vicepresidente de Venezuela, Aristóbulo Istúriz, el 11 de septiembre, ratificando la postura del Gobierno de Nicolás Maduro: la Asamblea Nacional no existe. Tan solo doce días antes, el segundo a bordo de la burocracia nacional lo había dicho con esas mismas palabras. Anteriormente, Maduro había dado la sentencia: “Asamblea Nacional, prepárate para despedirte de la historia, que tu hora va a llegar“.

Dictadura“. La palabra ahora suena fácil en boca de dirigentes opositores que hasta hace poco no la incorporaban tan rápido a su discurso. El presidente del legistativo, Henry Ramos Allup, la usa a menudo. También el partido Voluntad Popular, su líder Leopoldo López y otros actores de la política venezolana. El dicho “se le cayó la careta” se ha repetido tantas veces como decisiones polémicas se toman desde Miraflores. El secretario de la alianza opositora Mesa de la Unidad, Jesús Torrealba, dijo en mayo que “Maduro busca gobernar por decreto, de dictar decretos, es decir, gobernar como un dictador“.

No todos, claro está, se apuran a ir más allá del calificativo “no democrático” cuando de definir a la administración de Maduro se refiere. El excandidato presidencial y uno de los líderes mejor valorados de la oposición, Henrique Capriles, habla de “gobierno no democrático”, al igual que su partido Primero Justicia, por ejemplo.

El Gobierno bolivariano siempre ha sabido venderse como uno que tiene respeto a las minorías o que deja ganar elecciones, pero la realidad es que ese poder ganado no podrá ser ejercido.

El politólogo Luis Salamanca ha estudiado el asunto y afirma que más de 20 denominaciones se han utilizado durante los 17 años del chavismo en el poder para ponerle cascabel al gato. “Tiránico, dictatorial, bonapartista, fascista, antidemocrático, iliberal, nazi, autoritario, despótico, neodictatorial, neoautoritario, sultánico, autoritarismo competitivo, autoritarismo electoral, y un sinfín más. Es un boom de calificativos, y casi todos surgieron en el período de Chávez. En el caso de Maduro, como ha ido depurando más la técnica autoritaria, se usa más la palabra dictadura”.

Entre los académicos continúa generando cierto consenso el concepto de “autoritarismo competitivo“, esbozado por Steven Levitsky desde Harvard, que define a los regímenes híbridos con facciones dictatoriales, donde es posible amenazar la permanecía en el poder de la clase gobernante a través de procesos electorales, aún cuando los comicios estén plagados de irregularidades y no sean realizados en igualdad de condiciones, como ha denunciado la oposición y hasta los observarores electorales en la última década. Pero Salamanca pone lupa sobre características particulares: “Obstruir y atar de manos a una AN elegida popularmente yo no lo he visto en otras partes del mundo. No recuerdo que en el libro del autoritarismo competitivo se mencione algo semejante”.

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