Venezuela, un estado fallido

El término ‘Estado fallido’ es empleado por periodistas y comentaristas políticos para describir un Estado soberano que, se considera, ha fallado en la garantía para brindar servicios básicos. En el caso de Venezuela ya se lo toma como un Estado fallido, ya sea por la erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones, incapacidad para suministrar servicios básicos e incapacidad para interactuar con otros estados, como miembro pleno de la comunidad internacional.

Por lo general, los creadores de este término dicen que un Estado fallido se trata de un fracaso social, político, y económico, caracterizándose por tener un gobierno ineficaz, que tiene poco control sobre vastas regiones de su territorio, no provee ni puede proveer servicios básicos, presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad, así como una marcada degradación económica. En un sentido amplio, el término se usa para describir un Estado que se ha hecho ineficaz, teniendo solo un control nominal sobre su territorio, en el sentido de tener grupos armados organizados para mantener la autoridad del Estado, ya que la policía no puede hacer cumplir las leyes debido a las altas tasas de criminalidad, a la corrupción extrema, a un extenso mercado informal, a una burocracia impenetrable, a la ineficacia judicial, y a la interferencia militar en la política. A esto hay que agregar que los entendidos en la política venezolana sostienen que el presidente Maduro es una figura decorativa, pues los que mandan son Diosdado Cabello y tres militares que se han dividido el país en cuatro partes.

EL FRACASO DE UNA POSIBLE MEDIACIÓN. Parecía que con la intervención papal, junto a dos expresidentes extranjeros y el secretario de Unasur, se conformaría un importante grupo mediador para tratar de lograr acuerdos entre la oposición y el Gobierno. Por lo menos, hasta este momento, no se ha logrado nada. Los gobernantes y la oposición no quieren ceder en absoluto. Chávez les dejó bien organizadas las instituciones, con personas de una impresionante lealtad, las mismas que, incluso han impedido que la Asamblea Nacional, en la que el chavismo perdió electoralmente, no pueda cumplir con su objetivo y, violando toda norma constitucional, se oponen a cualquier resolución de la Asamblea, por muy legal que sea. Peor ahora que piden la destitución de Maduro.

LA OPOSICIÓN NO QUIERE DICTADURAS. En Venezuela, se presenta otro fenómeno interesante: la oposición quiere que se cumplan las normas constitucionales para que Maduro y su equipo dejen el poder. La pregunta es, ¿por qué esta posición?

Si se logra tumbar a Maduro por la fuerza, no va a ser la oposición la que suba al poder, serán los militares los que asuman el gobierno. Y, entonces, y como siempre, para convocar elecciones, pasará mucho tiempo. Así que va a seguir el enfrentamiento con Maduro, ahora con un nuevo presidente de la Asamblea para ver si cumpliendo los pasos que señala la Constitución, logra que abandone el poder ahora que así han decidido.

LA DROGA DEL PODER. Se ha dicho que la peor droga que existe en la humanidad es el poder. Quien llega al poder, ya sea por elecciones, por golpe de estado, por herencia o por cualquier otro método, por lo general si no tienen la formación suficiente, no resisten de entrada, los honores que reciben. Hasta una presentación de armas o una fuerte cuadrada de tacones los descomponen. Y de allí el adulo y el servilismo de sus colaboradores lo acaban de completar.

Eso es lo que ha sucedido, para nuestro entender, a este humilde hombre, Nicolás Maduro que, en sus orígenes, fue un chofer. Quien llegó desde esa posición a la presidencia, hubiera sido la persona más adecuada para servir a su país, pues conocía las necesidades de su pueblo. Pero, he aquí que tratando de imitar a su patrón y líder, Hugo Chávez, empieza a seguir su camino pero, en otras circunstancias. No tiene ni el carisma de su antecesor, se acabó el dinero del petróleo que se lo regaló a manos llenas. No fue capaz de formar un equipo de colaboradores con los profesionales que formó Venezuela con las famosas becas ‘Mariscal de Ayacucho’ y prefirió a Diosdado y a sus compinches para seguir gobernando un país, que casi ya no lo es.

No nos explicamos si es posible ocultarle al grupo que gobierna todos los males que vive Venezuela. Como reacción, al pedido de su destitución, anuncia que está formando una escuadrilla de soplones y que comprarán armas sofisticadas a Rusia. Como a cada rato le echa la culpa de lo que sucede en su país al ‘imperio’, seguramente deseará declararle la guerra.

Es difícil buscar argumentos para conocer qué es lo que piensan los gobernantes en Venezuela y si ya tienen la solución para superar semejante crisis. ¿Acaso no sería mejor buscar un acercamiento con la oposición, valiéndose del grupo que ha ofrecido su mediación? Parece que esto no sucederá. No quieren ceder un milímetro de poder, aunque el país se vaya al diablo.

F/Expreso.ec

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