Venezuela, el enigma de Trump

El nuevo presidente norteamericano, que durante la campaña elogió a Hugo Chávez, ha mantenido silencio sobre un país al que Obama declaró una amenaza para Estados Unidos.

«Hugo Chávez tenía unos sentimientos muy fuertes y representó a mucha gente que había sido dejada de lado». El autor de esta frase es el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, uno de los últimos políticos norteamericanos que se atrevería a elogiar, aunque sea de forma velada, al difunto líder venezolano, la bestia negra del establishment de Washington. Esta referencia positiva es una de las escasas alusiones que el magnate ha realizado sobre un país que durante el mandato de Barack Obama ha sido uno de los principales enemigos de la política exterior norteamericana. Más allá de esta referencia a Chávez, lo que piensa Trump de Venezuela es uno de los enigmas de la política exterior del nuevo Gabinete.

Estados Unidos y Venezuela rompieron relaciones diplomáticas en 2010, cuando los embajadores en los respectivos países fueron llamados a sus capitales. Desde entonces, las dos naciones han mantenido una diplomacia extraoficial, basada exclusivamente en contactos ocasionales de los responsables de Exteriores de ambos países en cumbres internacionales. En 2015, con la tensión como constante, el expresidente Obama firmó una orden ejecutiva en la que declaraba a Venezuela una «amenaza especial» para su país y anunció la adopción de medidas de castigo -retiradas de visa y congelaciones de fondos- contra siete funcionarios venezolanos a los que vinculaba con la represión a la oposición en Caracas.

Colonia venezolana

Durante la campaña electoral estadounidense, el único país latinoamericano que concentró el mensaje de Trump fue México, obsesionado por el muro y la inmigración ilegal. En ese momento, el multimillonario ya sabía que el problema de la frontera era uno de los grandes caladeros de votos mientras que la colonia venezolana es mínima en Estados Unidos. Según los últimos censos, estaría formada por 300.000 personas asentadas principalmente en Florida. Socialmente, son miembros de las clases altas venezolanas que se han trasladado a Estados Unidos poniendo pies en polvorosa ante la caótica situación de su país natal.

Nicolás Maduro ha contemporizado con Trump y ha criticado que sea víctima «de una campaña de odio»

Venezuela tuvo también algunas referencias parciales. A finales de año, el equipo de campaña de Hillary Clinton difundió un vídeo en el que comparaba el populismo de Trump con el de Hugo Chávez. Previamente, el multimillonario había asegurado que un país gobernado por «el socialismo» de Hillary Clinton convertiría Estados Unidos en Venezuela. Ambos golpes de efecto no pasaron de ser escaramuzas de segundo nivel.

Petroleras y expropiaciones

Una vez confirmado en su cargo, Trump nombró como Secretario de Estado a Rex Tillerson, un ejecutivo de la petrolera Exxon. El pasado de esta firma en Venezuela es conflictivo. Fue expropiada por Chávez y mantuvo un largo litigio con el Gobierno de Caracas sobre las compensaciones económicas recibidas. Y en la actualidad está realizando exploraciones en busca de pozos en la frontera de Venezuela. Frente a la frialdad del presidente sobre Venezuela, Tillerson mantuvo un discurso más duro -aunque el escenario fue el examen del comité del Senado que debe dar el visto bueno a los nombramientos presidenciales-.

El nuevo secretario de Estado afirmó: «Creo que estamos en total acuerdo sobre la calamidad en la que ha caído Venezuela, largamente como producto de la incompetencia y disfuncionalidad del Gobierno». El responsable de Exteriores de Trump denunció «las prácticas no democráticas del Gobierno de Maduro» y exigió «la liberación de los presos políticos». También apostó por «entregar ayuda humanitaria para mitigar la escasez de alimentos y medicinas», y también apoyar «una transición negociada a un gobierno democrático». Sus palabras se corresponden con la doctrina diplomática que ha valorado que cualquier injerencia en Venezuela podría dar ánimos al Gobierno bolivariano por lo que es mejor esperar a que los problemas sociales y económicos del país caribeño fuercen una transición.

Desde Venezuela, la llegada de Trump no ha sido vista como un cataclismo. Incluso el presidente Nicolás Maduro tuvo palabras de ánimo para el magnate, al que consideró víctima de «una campaña de odio». «No nos adelantaremos a los sucesos. Quiero ser prudente y decir: esperemos, peor que Barack Obama no será», manifestó.

F/M.elcorreo.com

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