Un cupo universitario por mediocridad

AVN

Este año se estrena el nuevo Sistema de Ingreso Universitario, que da al Estado la potestad de asignar el 100% de los cupos universitarios, cambiando, además, los valores a evaluar, dándole al estrato socio-económico del estudiante un peso casi similar al de las notas

Desde que, el 28 de marzo de 2001, un grupo de trabajadores y estudiantes identificados con el oficialismo tomará la Sala de Sesiones del Consejo Universitario de la Universidad Central de Venezuela (UCV), el chavismo ha señalado que las universidades públicas venezolanas solo reciben como estudiantes a alumnos provenientes de las clases medias y altas. Entonces, incendiada por una retórica de lucha de clases, se siguió promoviendo la idea de acercar las casas de estudio al pueblo llano, supuestamente excluido de ellas. Finalmente el 16 de diciembre de 2014 se concretó el cambio y el Ministerio de Educación Superior anunció que los criterios para la asignación de cupos cambiarían. Hasta ese momento, el 90% de ponderación para las notas obtenidas en bachillerato eran la garantía del ingreso a la universidad; ahora el sistema distribuirá las cargas de la siguiente manera: 50% el índice académico, 30% las condiciones socioeconómicas, 15% la territorialización y 5% la participación en procesos de ingreso anteriores y actividades extracurriculares. Además, por primera vez el Estado central se reservó el derecho de asignar el 100% de los cupos en todas las universidades públicas del país.

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Se trata de la segunda medida que se anuncia este año y que afecta de manera directa la autonomía universitaria, conjunto a la discusión de la Ley de Acceso al Conocimiento Libre en la Asamblea Nacional. Sin embargo la reacción ha sido bastante tímida, porque el país está absorbido por otros bretes; de ahí que el propio conflicto gremial de los profesores universitarios exigiendo mejoras salariales haya pasado un poco desapercibido en el foco de la opinión pública.

¿Cómo han recibido los estudiantes la medida? ¿Cómo les ha afectado? A la luz de este trabajo, se presume que hay un gran miedo a represalias. Estudiantes que resultaron directamente perjudicados por la medida, prefieren no increpar directamente al Estado, a riesgo de arruinar sus posibilidades a futuro, ahora que deben integrar listas de espera o esperar un año más para volver a intentar el ingreso a la educación superior. Del otro lado, estudiantes beneficiados no quieren ser señalados por ello. De allí que con una excepción, todos los entrevistados pidieron el resguardo de su identidad para brindar testimonio en este reportaje.

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