¿Me quedo o me voy?

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En el último lustro, Venezuela ha sufrido de una fuga de cerebros sin parangón en otras épocas. Amenazan la falta de insumos, desequilibrios macroeconómicos, políticas y leyes. Cada vez son más los empresarios que se plantean emigrar y bajar santamarías

La actualidad económica del país es sin duda compleja para la mayoría de las actividades empresariales. Amenazan la falta de insumos, desequilibrios macroeconómicos nunca antes vistos, las políticas y leyes que tienden a controlar la actividad empresarial y, claro está, la actual paralización total o parcial que se vive en muchas ramas del comercio, industria y servicios. Cada una de ellas, aunado a un futuro incierto, lleva al empresario a preguntarse: ¿seguir con el negocio, venderlo, liquidarlo o paralizarlo de forma indefinida?

La decisión de retirarse no es sencilla. Los factores a considerar son muy difíciles de prever, como las acciones gubernamentales o nuevas oportunidades —además de factores que no necesariamente obedecen a la razón y al sentido común, tales como afectos, valores y relaciones de larga data con empleados, proveedores y clientes.
Lo que busco en este artículo no es inclinar la balanza hacia un lado u otro. Trato de orientar con buena fe la toma de una decisión con efectos harto significativos en el futuro del empresario y su entorno. A continuación unas recomendaciones válidas y pertinentes a la hora de resolver si irse o quedarse en la actividad económica respectiva.

Elimine cualquier sesgo ideológico o político
Se tiende a considerar elementos que, en realidad, pueden no tener una incidencia real sobre lo que ocurrirá en el futuro. Ni la simpatía ideológica con quienes manejan las políticas económicas debe ser motivo de permanencia ni la discrepancia ideológica motivo de salida. La pregunta más bien debe ser si el modelo económico planteado permite la supervivencia de su empresa.

No actúe de forma impulsiva
No se deje llevar por el ímpetu, la pasión o incertidumbre. Las decisiones trascendentes deben ser consultadas y discutidas en calma. Si en algún momento se presenta una situación de mucha angustia, maneje el arrebato con objetividad. Espere que la tormenta cese.

Información y más información
No limite su decisión a lo que ve en los diarios, programas de opinión o chismes. Indague distintas fuentes, busque datos en gremios, cámaras, expertos en su sector y analistas financieros. Vea hacia dentro y fuera de la empresa. Reúnase con sus proveedores, socios, competidores y clientes. Haga preguntas.

Los factores necesarios
Evalúe puntos que quizás no se consideren en un primer análisis. Por ejemplo: temas legales, consecuencias sobre el medio ambiente y relaciones personales.

Construya escenarios
Las decisiones que puedan tomarse conducirán a un conjunto amplio de condiciones en el futuro. Es decir: un escenario. Ante tanta incertidumbre, un escenario nos permite pisar tierra y vislumbrar cómo sería más o menos el porvenir. Ingresos, patrimonio personal, riesgos personales, tranquilidad, calidad de vida y circunstancias legales deben incluirse en los escenarios. Importante: no necesariamente deben existir dos escenarios. Pueden ser más, la salida puede ser parcial o puede convertirse en una asociación o reestructuración, y la permanencia puede ser igualmente limitada o con cambios en los modelos de negocios.

Saque bien la cuenta
Puede sonar un poco duro, pero el elemento financiero es más que primordial. En palabras sencillas, su bolsillo va primero. Si la permanencia es un riesgo excesivo para su patrimonio personal, tenga mucho cuidado y no arriesgue su futuro.

Ponga un límite a sus pérdidas y a su permanencia
Si temporalmente desea mantener la presencia en espera de mejores condiciones o de más información para decidir, sugiero: “hibernar”. Mantener su operación con el mínimo posible de gastos y esfuerzo. Pero si los montos de los desembolsos son significativos, debe ponerle un tope a las pérdidas. Recuerde, el límite de tiempo y de dinero lo pone usted.

Si tiene vínculos afectivos, analice bien la forma y el costo de resolverlos
Nunca faltan los vínculos afectivos, una empresa más que un conjunto de activos y pasivos, son años o quizás décadas de vivencias, relaciones, estilo de vida, sueños. Todo al final tiene un costo, ora en nuestra salud mental, ora en el grado de satisfacción personal. Lo recomendable es tratar de dejar la menor cantidad de cabos sueltos. Cerrar los círculos y evitar quedar en el vacío. Quizás eso no tiene tanto peso económico, pero si no deja los puntos claros al cerrar relaciones, podría tener un peso afectivo en el futuro. Cuando hablamos de costos para resolver esos temas, me refiero al empeño en tiempo, esfuerzo y recursos. Su trabajo es buscar un balance, uno óptimo que le permita salir con la cabeza en alto y moralmente tranquilo, tome la decisión que tome.

F/Elestimulo.com

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