El “prepaguismo” en el Miss Venezuela: un secreto a gritos

miss-venezuelaUna sonrisa se dibuja en el rostro de Yaneth González, venezolana ama de casa de 59 años de edad, cuando recuerda la primera vez que escuchó en Venevisión el himno de su infancia. “En una noche tan linda como esta…” comienza a entonar, mientras se muestra ansiosa por la próxima edición del Miss Venezuela 2016. Yaneth, quien aún recuerda cuando estuvo cerca de participar en el concurso, comenta: “Pareciera que en Venezuela, las mujeres creciesen con dos sueños tatuados en el corazón: uno es el de casarse, por ser mujer, y el otro es el de convertirse en Miss Venezuela, por ser venezolana”.

Desde 1952, primera vez en realizarse el concurso gracias a la iniciativa de Panamerican Airways, el Miss Venezuela ha sido uno de los eventos más televisados y queridos por la audiencia venezolana. Su relevancia no solo radica en ser una de las principales unidades de negocio de la Organización Cisneros, quien posee los derechos del concurso desde 1981, sino que además está inscrito en la cultura criolla del venezolano, hasta el punto en que Venezuela es reconocida internacionalmente como “el país de las mujeres bellas”. Sin embargo, la magia que las venezolanas parecieran presenciar a través de la pantalla cuando observan el Miss Venezuela, no es la misma que experimentan las concursantes en la búsqueda de la corona. El costo de mantenerse en el negocio no solo se refleja en la inversión de dinero, sino también en el abandono de la dignidad; pues en donde hay magia, también hay trucos y, en el caso del Miss Venezuela, muchos de esos trucos vienen a cambio del cuerpo de las participantes.

En los últimos años, Venezuela ha experimentado un panorama económico y social crítico, producto de la gran inflación que azota el país y la crisis humanitaria reflejada en la escasez de productos básicos y medicinas –esta última ubicada en 85% según las últimas cifras reveladas por Freddy Ceballos, presidente de la Cámara Farmacéutica Venezolana. Debido a la crisis, las prioridades de los venezolanos se han reorganizado en torno a la mera supervivencia, aunque aún pareciera quedar espacio para algunas distracciones: la pre-selección a nivel nacional de las candidatas a participar en el Miss Venezuela 2016. Desde hace algunos meses, cientos de niñas entre 18 y 25 años de edad se han preparado y participado en diferentes concursos regionales con la intención de ser seleccionadas en el casting final de las 24 candidatas que participarán en la noche más linda del año. Para algunos, los problemas que padece el país se olvidan cuando se trata de belleza, pues, no importa la crisis económica, el concurso sigue en pie.

La tradición de seleccionar a la mujer más bella del país no puede pasar a segundo plano por la misma cultura rica de consumo y gratificación instantánea que tiene el venezolano. Al principio del milenio, los venezolanos fueron noticia al ser considerados las personas más vanidosas del mundo de acuerdo a un estudio realizado por Roper Starch Worldwide. La encuesta dirigida hacia 1.000 personas, entre 13 y 65 años de edad de 30 países de todos los continentes, arrojó como resultado que 65% de las mujeres venezolanas y 47% de los hombres están constantemente pensando en cómo se ven, en comparación con la tendencia mundial, en la que solo 23% de las mujeres y 16% de los hombres dicen preocuparse por su apariencia física. Los venezolanos, quienes además tienen el record en el uso de desodorante, gastaban para el año 2000, 20% de sus ingresos en productos de cuidado personal.

El estudio de la empresa de investigación estadunidense fue respaldado por otras investigaciones realizadas por Datanálisis. En 2008, una encuesta de esta empresa venezolana de investigación de mercados arrojó como resultado que 39% de las mujeres venezolanas busca información sobre belleza, siendo este uno de los tres objetos principales de interés. En 2010, además, se precisó que la mujer venezolana, en cualquiera de sus estratos sociales, dedica al menos 5% de su presupuesto a productos o servicios de estética, un porcentaje mayor al que dedica para el entretenimiento, el cual no alcanza 4%. Si esto se le suma el gasto invertido en ropa y zapatos, el porcentaje de los ingresos de las venezolanas dedicado a la belleza personal llega a 12%.

Tomando en cuenta los resultados de estas encuestas y el hecho de que Venezuela posea la mayor cantidad de reinas universales (si se suman las coronas de los concursos Miss Universo, Miss Mundo y Miss Internacional), tal vez no sorprenda que ser Miss Venezuela se convierta, como coloquialmente se dice, en el “sueño de toda mujer venezolana”. La Organización Miss Venezuela personificada a través del zar de la belleza, su presidente Osmel Sousa, es reconocida, incluso internacionalmente, como la experta en belleza femenina. El maquillador Oscarovsky Boyer, quien ha asesorado a las últimas dos Miss Venezuela en asistir al Miss Universo, comentó: “El efecto Venezuela es cierto. Sin esa mujer el Miss Universo no es una competencia. Es más, el protagonista ahí es Osmel Sousa. Toda la prensa se detiene a entrevistarlo por el mito, bueno, la realidad, de que él nunca se equivoca. Si él dice que una Miss gana el Miss Universo, al menos llega a primera finalista”. Es por su prominencia y experiencia que Osmel ha sido, desde 1981, el responsable en establecer los ideales de atractivo físico en el país caribeño.

Pero, ¿qué implica ser bella en Venezuela? ¿Cómo la mujer venezolana se convierte en la más hermosa del país y, si lo logra, del universo? El proceso de formación de una concursante requiere de una lista de tratamientos estéticos y cirugías plásticas cuyo fin último, según palabras de Osmel Sousa, es “la búsqueda de la perfección”. Esta lista, que varía de acuerdo al físico de cada concursante, incluye: estética facial (como levantamiento de cejas a través de cirugía plástica o inyección de ácido hialurónico o botox, bichectomía o liposucción de mejillas, rinoplastia, cirugía de mentón, carboxiterapia facial e hidrataciones faciales); tratamientos odontológicos (como blanqueamiento dental, microabrasión de esmalte, contorneado de esmalte y restauración a través de resinas compuestas o de cerámica); tratamientos para la reducción de grasa (como radiofrecuencia, ultracavitación, masajes reductores, liposucción de espalda, rodillas, brazos y abdomen, carboxiterapia corporal, drenaje linfático, entrenamiento físico y  régimen nutricional especial); estilismo (como extensiones de cabello con cerdas naturales o artificiales, utilización de pelucas, aplicación de tintes, cortes, peinados, tratamientos de hidratación, maquillaje, manicure y pedicure); y por último, tal vez más importante, la popular mamoplastia de aumento.

Al momento de conocer la lista de tratamientos, cuidados y cirugías a la que debe ser sometida una concursante al Miss Venezuela, surge una pregunta determinante: ¿cuánto dinero es necesario para costear el boleto que puede llevar a una venezolana a la noche más linda del año? La preparación de las misses en oratoria, pasarela, etiqueta y cuidado personal es una parte del entrenamiento que corre por cuenta de la Organización Miss Venezuela, una vez que se escogen a las 24 concursantes. Sin embargo, previa a esta última selección, el resto de los requerimientos, incluyendo ropa y zapatos, tiene dos vías de financiación: el bolsillo de cada aspirante o el bolsillo de un patrocinante.

Así como hay candidatas de estratos económicos altos, el concurso no discrimina entre clases sociales. De hecho, muchas de las participantes a lo largo de la historia del Miss Venezuela son conocidas por provenir de familias humildes, como es el caso de la reina de belleza Norkys Batista, Miss Venezuela Mundo 1999. El precio de la rinoplastia, realizado con uno de los cirujanos designados por la organización, una de las cirugías más comunes de aproximadamente treinta cuidados mencionados anteriormente, era para febrero de 2016 de Bs. 1.300.000. “En mi año, gasté alrededor de Bs. 1.800.000, que incluyó todo el maquillaje, traslado, tratamientos y vestuario”, dijo Urimare Cartaya, concursante que llegó a la pre-selección previa de las 24 candidatas finalistas del Miss Venezuela 2015. En ese presupuesto no están incluidas la rinoplastia y mamoplastia de aumento que Cartaya también se realizó.

Considerando la situación de crisis económica en Venezuela, la participación de misses provenientes de estratos sociales bajos y lo costoso de mantenerse en el concurso, no sorprende que las aspirantes busquen el patrocinio de quienes se mueven en el negocio del Miss Venezuela. Desde hace algunos años se escucha que el interés de estos patrocinios va más allá de una ganancia monetaria, de reconocimiento, o de publicidad. Los más críticos de la Organización Miss Venezuela consideran que esta es la empresa más longeva del país para la trata de blancas.

“Ciertamente hay tipos que con el cuento de ‘yo te apoyé’, en un momento dado generan una deuda a la miss que ella tiene que pagar como sea y que ella siente que tiene un compromiso con esa persona, lo que llamamos el ‘prepaguismo’”, dijo, para la realización de este trabajo, José Rafael Briceño, mejor conocido como “el profesor Briceño”, por su rol como preparador de oratoria de las misses. Según el humorista, el prepaguismo[1] no es explícito ni mucho menos termina siendo una trata de blancas, pues el esquema es más sutil y complicado.

“Una chama llega del interior, alguien se ofrece y le dice ‘yo te quiero ayudar’, el tipo le dice ‘no te preocupes, yo tengo un apartamento donde tú puedes vivir o yo te voy a mandar un carro para que tengas dónde moverte, yo lo que quiero es apoyarte porque yo soy de tu estado y yo creo en tu carrera; más adelante tú me pagas’. Entonces, claro, después de tres semanas que el tipo te ha mantenido, te ha resuelto tantas cosas y te ha dado dinero, te invita a comer, él no te está diciendo que te va a coger (sic)”, explicó el profesor Briceño sobre lo que él mismo apreció durante sus años de trabajo dentro de la organización, voluntariamente finalizados en mayo de 2014.

Por otro lado, el maquillador Oscarovsky Boyer, quien recientemente trabajó con Esteban Velásquez en el concurso Miss Miranda, así como con otros patrocinantes para el concurso de Miss Aragua y Costa Oriental, calificó lo dicho por Briceño como “verdades a gritos”, es decir, “esas cosas que no se comentan pero que todo el mundo sabe”. Briceño, agregó que dichas conductas pueden ser incluso propiciadas por los mismos estilistas. Cuando se le preguntó a Boyer sobre esta posición, el experto en maquillaje contestó: “A los empresarios millonarios les mata un buen maquillador y el maquillador anda de arriba para abajo con la miss, entonces  ¡claro que algunos lo propician!”, agregando además que quien contrata al maquillador es el mismo patrocinante, pues los honorarios otorgados por Venevisión son “muy malos”.

Según una fuente que prefirió no revelar su nombre, el concurso se basa en cuánto tienes y cuánto vales. La relación entre concursante y patrocinante va más allá de la caridad o de negocios, como también estableció Briceño y Boyer. Sin embargo, la sutileza -referida por Briceño-, con la que se practica el prepaguismo, no fue confirmada por la fuente anónima, pues la “operación colchón”, como ella misma la denominó, es bastante evidente. Antes de llegar al casting final de las 24 concursantes, se forman grupos de muchachas que son patrocinadas por una misma persona. Este patrocinante costea cirugías plásticas (al tener contacto directo con los cirujanos designados por la organización), así como otros privilegios (entre esos transporte, eventos sociales, cenas, maquillaje, carros o apartamentos…). Las muchachas patrocinadas muchas veces no identifican la malicia de estos intereses por su corta edad o se ven en aprietos económicos para mantenerse en el concurso, por lo que caen en el compromiso de querer dar su cuerpo a cambio del beneficio que se les otorga. “Ellas no son tontas. Una mujer de 18 años que viene de un barrio y de la nada sale un hombre y le da todo eso, ¡claro que se va a enamorar!”, dijo Boyer al respecto, quien agregó que ninguna miss está desamparada.

Según la fuente anónima, el prepaguismo es tan evidente que muchas veces las muchachas compiten por quién enamora más al patrocinante, pues piensan que esa atracción por parte de quien las patrocina es su pase directo al Miss Venezuela. La fuente reveló que muchas de estas prácticas son realizadas en las oficinas de los patrocinantes donde ella misma fue víctima de un intento de seducción por parte de uno de ellos.

De acuerdo al profesor Briceño, la Organización Miss Venezuela se mantiene al margen de estas prácticas, pues no es problema de ellos. “Como yo lo hice problema mío en un momento determinado, me hice unos cuantos enemigos y esa es una razón más por la cual sale uno de ahí”, dijo Briceño, quien además hizo referencia a su salida de la organización. Sin embargo, el patrocinio no solo es la alternativa que tienen muchas concursantes para mantener los costos que implica la persecución de la corona, sino que puede significar un puesto definitivo entre las 24 candidatas que finalmente tienen la oportunidad de participar en el Miss Venezuela. “Nunca he estado en contacto directo con ese mundo, pero sí te puedo decir que a veces he sentido que son 24 favores pagados”, dijo Boyer, aunque sin referirse específicamente al prepaguismo. Por su parte, la fuente anónima aseguró que quien la intentó seducir fue una persona “muy cercana” a Osmel Sousa, que incluso se reúne con él al momento de escoger a las candidatas que pasan el casting final.

El profesor Briceño también agregó que estos managers son personas que cuentan con los recursos y el tiempo para invertir en la participación de la o las candidatas que escojan como su favorita. Según la fuente anónima, los presuntos patrocinantes de las concursantes incluyen el suplente del presidente del Banco Caroní, Octavio Maza Duerto; el presidente de Cisneros Media, Jonnathan Blum, el presidente de la empresa que representa las marcas Zara, Berskha y Pull and Bear en Venezuela, Camilo Ibrahim, y el presidente de la cadena de tiendas Traki, Antonio Chambra, este último, confirmado como un contacto directo a Osmel Sousa por la página Poderopedia.com. Sin embargo, la implicación de estas personas en el prepaguismo del Miss Venezuela no fue confirmada.

Las concursantes que se encuentran en un apuro económico y que son detectadas por los patrocinantes que se prestan para estas prácticas no son obligadas a realizarlas. Tanto el profesor Briceño como la fuente no identificada confirman que al final es decisión de la concursante. “Si el negocio realizado entre ella y el patrocinante es que posteriormente le pagaría con su trabajo, entonces ellas no deben asumir una deuda que nunca fue explícita. Yo tenía esa conversación con ellas porque sentía que era mi responsabilidad moral decirles ‘ese es su rollo’”, concluyó Briceño.

En la persecución de un sueño, se pagan todos los precios y sacrificios. Yaneth, a pesar de su gran altura y belleza natural, que aún conserva luego de los años, decidió no hacer “ese rollo” suyo, pues aunque desconoce si los mitos son ciertos o falsos, prefiere que la magia del Miss Venezuela permanezca en la pantalla chica. De la misma forma, muchas venezolanas tararean en su memoria la canción de la noche más linda del año, porque no importa lo que haya detrás, el Miss Venezuela es el concurso que logró hilar todas las clases sociales bajo una misma fantasía: el sueño de ser la mujer más bella de un país de mujeres hermosas, así eso implique que la Miss Venezuela se convierta en la cara bonita de la decadencia.

[1] Prepaguismo: nombre que le otorgamos, para los términos de este trabajo, a la práctica de tener relaciones sexuales con un patrocinante a cambio de ayuda económica durante la preparación para el concurso de Miss Venezuela.

F/Cardonabautista

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