El petróleo ya no salva a una Venezuela al borde de la quiebra

A los recién nacidos se les pone en cajas de cartón en un hospital del este de Venezuela y en una prisión varios reos asesinaron a otro y se lo comieron. Los animales mueren de hambre en un zoológico de la capital, algo menor en ese contexto.

En el país con mayor inflación del mundo, todos se preguntan cuándo terminará esa grave situación financiera. La llave para la mejora o la catástrofe definitiva la tiene la petrolera PDVSA (Petróleos de Venezuela SA), el seguro de vida del país. Los ingresos por la venta de petróleo suponen dos terceras partes del presupuesto nacional y el 95 por ciento de las exportaciones son de gas y de crudo. Una dramática dependencia que ahora podría convertirse en una losa.

La mala gestión, la corrupción, la huida de inversores, el elevado gasto nacional y el arrinconamiento de las empresas privadas agudizaron la dramática recesión del país del socialismo del siglo 21. Las señales actuales no son buenas. PDVSA amplió hasta ayer el plazo para que sus acreedores extranjeros acepten canjear la deuda que vence en 2016 y en 2017 por bonos con vencimiento en 2020 a un interés anual del 8,5 por ciento. La petrolera no puede pagar sus deudas y si no consigue el canje podría caer en impago.

La deuda en cuestión asciende a 5.300 millones de dólares y la agencia de calificación Moody’s advierte de que, si PDVSA quiebra, también podría hacerlo el Estado venezolano, que tampoco podría pagar sus deudas ni importaciones.

Debido al estado del sector privado, el Gobierno venezolano tiene que importar diariamente grandes cantidades de alimentos, artículos de higiene y medicamentos, productos que ya casi no puede pagar debido a la caída del precio del petróleo. De ahí las largas colas para conseguir productos básicos y las protestas.

Durante muchos años, la empresa petrolera fue la gallina de los huevos de oro para Venezuela, el país con mayores reservas del mundo, por delante de Arabia Saudita. Gracias a los “petrodólares”, desde 1999 los gobiernos socialistas construyeron millones de viviendas, introdujeron salarios mínimos y sacaron a muchas personas de la pobreza. Pero 
el Gobierno no aprovechó esa 
época de fuertes ingresos para invertir.

Economía mal gestionada

Actualmente las reservas de divisas son sólo de unos 11.000 millones de euros, apunta un análisis del Landesbank Baden-Württemberg. “Si se tienen que gastar más miles de millones de dólares, aunque sea para pagar los intereses de la deuda, el Estado y PDVSA estarán en dificultades”, afirma el texto.

“Si Venezuela entra en quiebra, sería una catástrofe para el país. De ello dependen cientos de empresas estatales responsables de aspectos sociales”, advierte Henning Suhr, titular de la oficina en Venezuela de la Konrad Adenauer Stiftung, una fundación conservadora alemana. “Los trabajadores de PDVSA ya están vendiendo sus ropa de trabajo para poder comprar comida”, cuenta Suhr.

Según el director del Banco Venezolano de Crédito, Germán García-Velutin, nadie sabe realmente cuán difícil es realmente la situación. “Me parece que los comunicados también podrían ser una simple amenaza a los inversores para conseguir el éxito en el canje de bonos”, señala.

Debido al mal estado de las infraestructuras, la extracción diaria de petróleo para la exportación cayó oficialmente a 2,4 millones de barriles diarios, aunque la cifra real puede ser aun menor. Según PDVSA, sus ingresos bajaron en 2015 de 122.000 a 72.000 millones de dólares. Tampoco ayuda la subvención estatal de la gasolina, que hace que llenar el depósito de un vehículo cueste un máximo de 20 céntimos de euro.

Otro ingrediente para la crisis es el sistema cambiario. Mientras que en el mercado negro se cambian mil bolívares por dólar, para PDVSA y otras empresas que ingresan dólares por sus exportaciones el cambio oficial es mucho menor. PDVSA llegó a recibir 6,3 bolívares por dólar (el dólar paralelo cotiza a mil bolívares), teniendo que pagar a sus 150 mil empleados unos salarios cada vez mayores por la inflación. La situación se convirtió en un círculo vicioso en el que la petrolera se endeudó cada vez más. Casi ninguna otra empresa exporta nada, pues con ese cambio no merece la pena.

Fuera del mundo

A nivel global, las consecuencias de su default serían muy controlables. Venezuela apenas está involucrada en las cadenas internacionales de suministro y valor añadido, y, aparte del petróleo, no produce nada de importancia para la economía mundial. Así que, en el caso de un default , no se producirían grandes turbulencias regionales o internacionales.

En los foros de inversores se discute desde hace tiempo sobre las oportunidades y riesgos de los bonos de PDVSA. “En mi caso, hasta ahora Venezuela y PDVSA cumplieron siempre puntualmente. Cuando vuelva a subir el precio del petróleo, el riesgo de un default se habrá alejado de momento y el rally podrá continuar”, se afirmó uno de esos foros.

Rehén de su propio cepo

No sólo el precio del petróleo impacta en la hundida economía venezolana, sino también el valor que impone el país a la divisa. El Gobierno es rehén de su propio cepo: el poco crudo que exporta la empresa estatal se cobra a tipo de cambio oficial, 156 veces más barato que el tipo de cambio del mercado paralelo, el que consiguen las empresas y la gente.

F/Agencia DPA

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