De la leche a la cerveza, los rubros golpeados por la crisis en Venezuela

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La abrupta caída del PBI que este año podría acercarse al 8%, las sucesivas y pronunciadas devaluaciones, la dificultad para retirar dividendos y el entorno político adverso convierten a Venezuela en un laberinto en el que se ven atrapadas las empresas locales, del que las extranjeras no pueden salir y que se refleja en un panorama desolador para la población, con una brusca caída del consumo y góndolas desprovistas de productos.

Esta semana, Coca-Cola confirmó la suspensión en la elaboración de su gaseosa insignia por falta de azúcar. Pero apenas es una más de las compañías extranjeras que sufre las consecuencias de la crisis venezolana.

En el rubro lácteo, Sancor, la segunda compañía láctea de la Argentina, anunció días atrás la pérdida de 100 millones de dólares en el primer trimestre del año en Venezuela. Y la empresa evalúa realizar una reestructuración que puede incluir despidos y la venta de algún sector rentable, como yogures o postres, para recuperar liquidez.

“Sancor es una de las pocas empresas que exporta a Venezuela y el tema es ese fideicomiso binacional de intercambio por petróleo. Hay demoras en los pagos y eso produce un desbalance”, comentó días atrás a LA NACION el secretario de Lechería de Santa Fe, Pedro Morini.

Aunque a comienzos de año, Sancor firmó un contrato para vender a Venezuela 40.000 toneladas de leche en polvo, la empresa “tiene más exportado que cobrado” de esa mercadería, dijo el secretario Morini. En plata, son unos 150 millones de dólares los que le deberían ingresar o en pesos más de $ 2200 millones, cifra superior a su pérdida acumulada.

En otro rubro, a fines de abril la mayor cervecera venezolana, Polar, detuvo su producción por una escasez de materia prima generada por la sequía de divisas, lo que golpeó también a 100.000 establecimientos dedicados al expendio de sus productos. La paralización de Polar afectó a 10.000 empleados de forma directa, y más de 300.000 de manera indirecta entre franquiciados, transportes, proveedores y clientes de todo el país.

En un laberinto parecido se ven un centenar de compañías con pasaporte español que, según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), cuentan con intereses en Venezuela, según un recuento del sitio El Confidencial.

Solo el efecto de los ajustes cambiarios realizados en los últimos seis años les ha costado más de 10.000 millones de euros a las compañías españolas.

Muchas de esas empresas, que van desde el rubro telefónica hasta empresas de turismo y hoteleras, se sienten cada vez más atrapadas en el país caribeño. En muchos casos, por los beneficios que el país retiene y no les permite repatriar -algunas fuentes hablan incluso de un volumen de 8000 millones de euros-; en otros, por las dificultades legales y financieras para reorientar las inversiones en el país, y en la mayoría de los casos por temor a represalias vinculadas a las amenazas de expropiación.

La cadena Meliá Hoteles, por ejemplo, solo en 2014 y 2015, tuvo pérdidas por 200 millones de euros debido a las sucesivas devaluaciones.

También Telefónica informó sobre un impacto negativo en su patrimonio próximo a los 3000 millones de euros por las devaluaciones.

Impacto en el consumo

El economista y diputado venezolano José Guerra dijo a comienzos de mes que la declinación en el consumo ya es semejante a la economías de países víctimas de guerra o desastres naturales. En efecto, en los últimos dos años el consumo no sólo no tuvo el crecimiento natural que acompaña al incremento de la población, sino que cayó un 12 %.

“El consumo de carne de res pasó de 22 kilogramos por persona promedio en 2012 hasta 10 kilogramos por persona en lo que va de 2016. Algo similar sucede con el consumo de leche, huevos, pescado y pollo. De esta manera se comienza a evidenciar casos crónicos de desnutrición en poblaciones vulnerables como los jóvenes y niños”, precisó Guerra.

F/LaNacion.com

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