Irse o quedarse: dos vías difíciles, entre el desapego y la nostalgia

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Según datos extraoficiales, más de dos millones de venezolanos hicieron las maletas “para siempre” en los últimos seis años. Vivir en tierra extranjera es una decisión compleja.

Las colas en las embajadas, los listados en las líneas aéreas y las solicitudes en institutos internacionales de idiomas hablan por sí solos. La realidad país ha logrado sembrar en la cabeza de muchos la idea de marcharse. Pero afianzarse en el extranjero –e incluso rechazar la propuesta- es algo que genera dudas, que acciona mecanismos de respuesta emocional y, casi siempre, algo de resistencia al cambio.

Pero para la coach Carmen Buinizkiy, quien es presidenta de Capefi –centro de investigación y asesoría empresarial con sede en Lechería– el concepto de emigrar no es el único que genera ansiedad por lo nuevo. “Para el que se plantea la disyuntiva y decide que darse  concientemente, hacerlo también implica asumir los riesgos de una realidad socioeconómica cuyas variantes se sienten a diario. Es decir, el acto de responsabilizarse de las circunstancias y sus consecuencias –con sus retos y dificultades- exige también de salir constantemente del área de confort para adaptarse a la nueva realidad que brinda el país”. Agrega que todo cambio tiende a generar miedo, debido a la incertidumbre.

Una planificación concienzuda es clave en el éxito de cualquiera de estas operaciones, pero llegar a ella depende de poder desarrollar una adecuada estrategia de toma de decisión.

Para el psiquiatra Harry Czechowicz, coautor del libro “Inteligencia migratoria, ¿me quedo o me voy?”, son pocos los que se van habiendo trabajado sobre una estructura de análisis completa. “Se toma la decisión de manera muy visceral, empujado, sin análisis,  afectando así los resultados.  El que se va a experimentar, a ver, normalmente se devuelve frustrado un tiempo después”.

En ese factor determinante del fracaso interviene la desesperanza. Buinizkiy explica que entre los jóvenes existe una percepción de la realidad país que asienta en ellos la sensación de que no hay un progreso posible, especialmente desde el ámbito de la independización. “Al no visualizar un nicho de oportunidad para crecer lo que se afianza es la desesperanza y una decisión que se toma con desesperanza termina siendo desesperada”.

De acuerdo a lo que detalla la especialista oriental, la desesperanza también es un factor que imposibilita la acción en el individuo. “Normalmente la persona siente que no hay nada que pueda hacer para mejorar esa situación y toman la primera idea que se les viene a la cabeza como una compuerta de salida a esa circunstancia desfavorable”.

Cada perfil, un mundo

Ni el miedo al cambio ni el estancamiento son buenos consejeros, pero –además-  se presentarán  de manera distinta en cada individuo y con motivaciones diferentes.
La psicóloga Migdaly Rojas, miembro también de Capefi, explica que toda decisión debe partir del análisis hecho sobre la base de las circunstancias personales y las características del sujeto. “No sólo se trata de analizar el contexto, si no lo que te define individualmente. No es igual la evaluación que debe hacer un muchacho que está saliendo del bachillerato que la que va a plantearse una madre de familia que ronda los 50 años de edad. El análisis de costos,  riesgos y beneficios no es igual, pero más allá tampoco son iguales las aspiraciones”.

La especialista en conducta dice que 90% de los migrantes encuestados por la organización que representa, se van motivados por una búsqueda de tranquilidad, pero todos tienen distintas variables que evaluar.  Todos los casos son distintos.

Czechowicz dice que entre los más de dos millones de venezolanos que se han establecido de manera fija en el extranjero, los últimos 6 años (cifra extraoficial que va en aumento), hay un alto porcentaje de personas entre los 22 y los 40 años. “Nos hemos convertido en un país que ya no ‘exporta’ únicamente mano de obra cualificada, profesionales jóvenes y competentes en su mayoría. Ya nos hemos sumado a las naciones que contribuyen a la migración ilegal. hay venezolanos que se van y agotan los períodos de permanencia como turistas,  que esperan no ser cachados pero resultan deportados”.

El psiquiatra caraqueño piensa  que ello explica que  el fenómeno migratorio ha cambiado en el país, multiplicándose situaciones como la migración pendular (estar entre el país de acogida y el de origen durante tiempos parciales) y conceptos como el de irse pensando en volver. “Esto no es saludable porque no se consigue establecer arraigo en el nuevo hogar y debemos entender que eso es lo que hay que buscar, ya que el concepto de hogar es transportable hasta allá, adonde encontremos un estado de comodidad física, psicológica y social”.

Estrategias   

Carmen Buinizkiy explica que si la persona logra salir del análisis estrictamente  emocional y también aborda el ámbito de la planificación estratégica, prepararse pasa por  identificar cuáles de sus talentos podría utilizar en los países que valora como opción, buscar información suficiente y luego analizarla desde el punto de vista de cuál de los países ofrece menor resistencia para que el extranjero logre integrarse y adaptarse, porque es a través de la estabilidad física y financiera que se puede prosperar.
“Luego de que tiene la información, lo mejor es construir escenarios. ‘Qué pasa si…’, ‘qué hago yo si eso pasa…’.

Estar preparado para el peor escenario posible, esperando que el mejor ocurra. Siempre hay que tener una meta primaria y priorizar en base a ella, pero sobre todo, tener una perspectiva completa de lo que me espera tomando en cuenta factores internos y externos”, detalla.

Luego de  elaborar los escenarios, le conviene aplicar la herramienta “administración del riesgo”, para estimar los resultados en cada uno.  Esto permite idear respuestas que parten de tres posturas: 1. Prevenir;  2. Asumir las consecuencias y corregir cuando ocurran; y  3. Plantear acciones de protección que lo blinden ante los resultados adversos.

“Cuando uno se plantea los riesgos que va a asumir, allí se incluyen los sacrificios que debo estar dispuesto a hacer. Y al  preparar las probabilidades, aumento las posibilidades de éxito”.

Rojas explica que la preparación es logística, financiera y psicológico-emocional. “Es vital porque la actitud tendrá un peso fundamental en la manera en la cual me vaya cuando llegue al lugar que he decidido como destino. Mi postura como inmigrante me va a facilitar o dificultar la adaptación”.

“Si te percibes como una persona eficiente, proactiva, que trabaja en sus propios logros, tiene capacidad para aprender, adaptarse y agregar valor allá a donde llegue, que no le teme a ir de abajo hacia arriba en un trabajo, aprendiendo a controlar los egos y entendiendo cuál es su situación, podrás ser protagonista de tu vida ejerciendo acciones para activar el progreso”, agrega.

Reitera que es necesario “alfabetizarse” con respecto a los cambios, es decir aprender a manejar las manifestaciones emocionales  del estrés, cómo alcanzar metas a mediano y largo plazo y cómo mantenerse enfocado.

Tolerar la frustración

Para Czechowicz cada quien, de acuerdo a sus circunstancias, debe potenciar fortalezas, revisar debilidades, mejorar su tolerancia al cambio y aumentar la capacidad de resiliencia. Pero además, el que piense emigrar debe prepararse para estar, como mínimo, seis meses sin trabajo. Tomarse ese período para conocer los usos y costumbres, el idioma, la cultura y el mercado, es claves para su inserción efectiva.

“Otra cosa  importante es aprender a ser tolerante con el tiempo y con la frustración. Deshacerse de satisfacciones cortoplacistas que no serán tan fáciles de hallar y comprender también que allá no voy a alcanzar –al menos no pronto- la proyección y aceptación profesional que podría tener acá. Es una oportunidad para probarse de nuevo, para crecer”.

Despedida agradecida   

Rojas afirma que es vital deshacerse de la postura de víctima. “No podemos vivir responsabilizando al país o al gobierno de nuestras propias circunstancias. Tenemos que apoderarnos de nuestra realidad para poder ejercer una acción correctiva sobre ella, más allá de los factores que están ajenos a nuestro control”.

Ese “lugar común” en el que caen muchos, no es el único lastre ante la evolución. Para María Eugenia Comas, psicóloga  con más de 20 años de experiencia y quien reciente cursó  un diplomado de Psicología positiva, despedir el  terruño de manera agradecida es fundamental. “Si una persona deja el país desde la emocionalidad y no desde la racionalidad, es probable que no encuentre éxito en su adaptación en el país de destino. No podemos dejar Venezuela con rabia, anclados en el dolor. Muy al contrario, debemos perdonar y agradecer lo que el país nos ha permitido: tener una familia, estudiar, crecer, aprender e, incluso, la opción de  irnos”.

F/Eltiempo.com.ve

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