Inflación en Venezuela muestra peor desempeño económico en 40 años

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Horas después del anuncio de varias medidas económicas por parte del presidente Nicolás Maduro, el Banco Central de Venezuela publicó el tamaño del hoyo de los bolsillos venezolanos: 180,9 por ciento fue la inflación acumulada durante el 2015 y el país sufrió una contracción de 5,7 por ciento de su producto interno bruto. El tercer año consecutivo de caída.

Las cifras, pavorosas, representan el peor desempeño económico de Venezuela en los últimos 40 años, incluyendo la década de los 90 con el barril de petróleo entre 8 y 16 dólares y el año 2003, cuando la paralización de la industria petrolera como parte de una protesta opositora significó enormes pérdidas para el erario nacional.

Pero estos números, además, tienen un efecto negativo sobre los anuncios hechos por el mandatario, que se resumen en el aumento de la gasolina hasta 6.000 por ciento, la devaluación del bolívar en 37 por ciento y el aumento del salario mínimo en casi 25 por ciento como parte de un paquete con el que aseguró que su gobierno intenta atajar la crisis. 

Y es que ante semejante cierre inflacionario y congelación del aparato productivo, las decisiones de Maduro lucen insuficientes para corregir las tremendas distorsiones de la economía venezolana.

La devaluación, en un marco de declive de los precios del petróleo, sigue dejando al país vecino sin las divisas suficientes para saldar sus deudas –que con el sector privado ascienden a 13.000 millones de dólares, según los cálculos más conservadores– y reactivar las importaciones, toda vez que las líneas de crédito se encuentran detenidas.

El analista Luis Vicente León asegura que haber llevado la tasa de cambio oficial de 6,3 bolívares por dólar a 10 bolívares, sin eliminar el tipo de cambio múltiple y sin explicar cómo se otorgarán ahora las divisas, presupone para el Gobierno “asumir todos los costos de la devaluación, y ninguno de sus beneficios”, en tanto “no logra equilibrar ni reducir la demanda de divisas oficiales”.

El economista Francisco Faraco, asesor de la Mesa de Unidad Democrática, también opina que las medidas, atizadas por los nuevos datos ofrecidos por el BCV, evidencian que el presidente Maduro “no tiene idea de la naturaleza y la magnitud de la crisis. Estas medidas para nada tienden a fortalecer la producción interna, la oferta de bienes y servicios”.

Pudiera opinarse que el anuncio oficial de revisar y ajustar el control de precios a límites mas reales de ganancia podría incentivar la actividad en algunas empresas. Sin embargo, esa revisión de la estructura de costo y los ajustes aún no se lleva a cabo y, mientras se espera, millones de venezolanos siguen haciendo enormes filas para comprar productos casi extintos como un jabón de tocador a 6 bolívares (medio dólar según el nuevo cambio oficial, pero 0,006 centavos de dólar del mercado paralelo) o un kilo de pasta a 25 bolívares.

Esta ralentización en la ejecución de soluciones concretas más el reconocimiento de Maduro de que toda la estructura de distribución y comercialización oficial de alimentos “se pudrió” tampoco generan otra de las máximas que los economistas le exigen al Gobierno: la confianza necesaria para convocar a inversiones extranjeras y reactivar la producción. “Mientras no se dé un giro de 180 grados aquí no retornarán capitales”, trinó a su vez el reconocido economista Pedro Palma.

Sobre ese escenario los venezolanos temen lo peor: que se cumplan las expectativas del Fondo Monetario Internacional, que a comienzos de año anunció que Venezuela podría cerrar el 2016 con una inflación superior al 700 por ciento de no tomar los correctivos de fondo que necesita su economía.

F/ELTIEMPO

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