¿Cómo explicarle a los más pequeños que la cosa se pone peor cada día?

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En condiciones como las que vive Venezuela hoy en día, es más pertinente que nunca enseñarles a los más pequeños de la casa cómo funciona el dinero; la importancia de economizar y la necesidad de luchar por conquistar las cosas que deseamos. Serán lecciones para toda la vida, más allá de estos tiempos de escasez, hiperinflación y sueños frustrados.

Hablar con los niños acerca del dinero es una de esas cosas importantes de la vida a la que pocas veces le dedicamos suficiente tiempo, mucho menos cuando los mayores de la casa andamos atareados recorriendo supermercados y farmacias para reunir los productos de la cesta básica y lograr estirar el presupuesto familiar. O, en el mejor de los casos, los que sostienen el hogar tienen que juntar dos trabajos y un tigre para lograr completar el ingreso y llevar el pan a la casa.

Es por eso que hoy en día uno de los bienes más valiosos, más que un kilo de harina o de leche y que un jabón de bañarse, es el tiempo. Ese tiempo que es necesario para conversar con los niños y adolescentes, jugar con ellos, inventar algún actividad placentera, practicar algún deporte al aire libre, aunque sea pelotica de goma, y tratar de explicarles lo dura que están las cosas y que es necesario apretarse cada vez más el cinturón.

Ese tipo de conversaciones, en las que se le da más importancia a la otra persona que a la pantalla del teléfono celular o a la televisión, pueden darle a los futuros adultos algunas herramientas útiles para toda su vida. La educación financiera, en el hogar y fuera de él, ayuda a abrirles las puertas del entendimiento, señalar caminos, enseñar a ver las cosas desde otro punto de vista, entender la realidad y evitar fracasos para cuando tengan responsabilidades y desafíos bien lejos del nido materno.

Cuéntamelo todo

Para mucha gente hablar de dinero con la familia es casi tan difícil como hablar de sexo. Es un tema espinoso porque por lo general los intereses de cada uno en el grupo familiar son diferentes y es necesario además luchar contra el desasosiego y la frustración, el desánimo que se instala en los hogares cuando la plata no alcanza.

A veces es duro para un niño o adolescente aceptar que en la casa el dinero no alcanza. Todos quieren imitar modelos sociales –no siempre los más meritorios-, tener el celular que le vieron al amigo en el colegio o que promocionan en Internet, tener el juguete que exhiben en los canales a cable para economías normales, vestirse bien, salir a comerse un helado o una pizza, frecuentar la playa. Pero en las condiciones actuales de Venezuela, con la inflación galopante, hasta los gustos sencillos como una tarde de cine puede ser un lujo inalcanzable para la vasta mayoría de los asalariados.

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