En Venezuela pertenecer a una religión tiene su precio

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María Antonieta Pérez.- Judith camina por el mercado municipal de Catia, vestida de blanco y la cabeza cubierta en su primer contacto con el mundo exterior desde que inició la coronación de santo.

La acompaña la yubona -madrina segunda al mando y encargada de su cuidado. Es el último día del ritual de 7 días y representa su pase formal a la práctica de la religión Yoruba, conocida como santería.

María Fernanda Reverol, practicante de la religión desde hace 12 años, explica que “la ceremonia es un acto de consagración donde te borran la vida pasada y empieza una vida nueva; la persona renace y por ello que se requiere de alguien que se encargue de los cuidados, como un recién nacido”.

Durante la semana que Judith permaneció en casa de su padrino, se celebraron distintas ceremonias: desde visitas a ríos hasta una fiesta pública donde se sirve comida para todos. Ella cubre todos los gastos.

En Venezuela, la coronación de un santo puede costar entre 80 mil y 140 mil bolívares. “El valor depende del santo que reciba la persona y su situación religiosa; hay santos que requieren otras ceremonias y suben los costos”, revela María Fernanda Reverol, practicante de la Regla de Osha, como también se le conoce a la práctica africana.

Explica que “el trabajo se realiza entre 15 personas, de las cuales 10 trabajan un solo día y se les paga mil bolívares. Su función es asistir durante la ceremonia principal de consagración. Otras cinco personas trabajan 4 días y se les paga entre 2 mil 500 y 5 mil bolívares; a la yubona le corresponden 5 mil bolívares”.

El padrino, quien guía la ceremonia, se embolsilla entre Bs. 20 mil y 25 mil. Él acompaña al recién iniciado en su camino religioso y también determinará las necesidades religiosas que pueden necesitar celebrar, así como cancelar el monto requerido para otras ceremonias.

Pero esta suma de dinero, que puede llegar a representar el equivalente a un año entero de un salario que alcance al menos dos salarios mínimos, no es el único monto que los creyentes en la religión yoruba deberán dar. “Antes de llegar a la coronación de santo hay que hacer otras ceremonias como recibir el Ángel de la Guarda y collares con un costo entre 10 mil y 15 mil bolívares, así como la compra de todos los objetos que constituyen los tronos de los santos”.

El precio de la fe. La religión se popularizó y se hizo comercial, denunció la practicante María Fernanda Reverol al criticar “la forma como el comercio alrededor de la práctica corrompió su esencia, al punto de hacer públicos aspectos que deben ser secretos”.

Antes todo lo vinculado a las obras era manejado de forma privada entre el círculo íntimo de santeros: “cuando se celebraba una ceremonia, el padrino lo mandaba a casa de otro santero dedicado a elaborar cualquiera de los recursos, ahora estamos frente a un comercio que excede toda ética religiosa”, manifestó.

Los establecimientos comerciales establecidos sobre la calle Sur 4 de Quinta Crespo lo evidencian: abundan los negocios que ofrecen un sinfín de productos relacionados; hubo quienes aseguraron que muchos ciudadanos de origen colombiano detentan la propiedad de esos almacenes y no forman parte de la religión pero manejan información útil.

En el bulevar de Catia, diagonal al Mercado de los 70, una tienda oferta los trajes de coronación de santo por un costo entre los 5.900 y 6.900 bolívares. Prenda que también se puede adquirir a través de la página web mercadolibre.com por entre 6 y 10 mil bolívares.

Otro negocio que va en aumento es el dedicado a la venta de ropa blanca para iyawoses. En Catia hay negocios donde se pueden adquirir prendas para mujer y hombre entre los 780 bolívares y los 980. Mientras que en el Mercado Mercosur ubicado en El Cementerio y bajo una lógica de mayoristas, es posible comprar combos de lencería o prendas de vestir. El equipo de ropa más modesto incluye 3 piezas y cuesta 3.290, mientras que los más costosos rozan los Bs. 12 mil.

El comercio detrás de la santería es grande y diverso, e incluye desde alquiler de casas y salones para celebraciones de hasta tres días, que puede costar entre 5 y 10 mil bolívares, hasta la venta de animales vivos.

Diezmar una vez al mes.  Las iglesias cristianas evangélicas, con sus más de 11 mil templos inscritos ante la Dirección Nacional de Justicia y Culto del Ministerio de Interior y Justicia (Mpprij), de los cuales los principales están en Caracas: urbanización La Castellana y en San Bernardino, se nutren del diezmo. Un aporte económico equivalente al 10 por ciento de los ingresos mensuales de cada seguidor.

Al igual que en la santería, el aporte es voluntario. El congregante es quien tiene la última palabra, no obstante bajo los preceptos de la religión cristiana, no traer los diezmos y ofrendas a la Casa de Dios no se ve bien ante sus ojos y distancia a la gente de las bendiciones.

Para los cristianos evangélicos, no aportar el diezmo es considerado pecado y apoyan su creencia en el capítulo 3, versículo 10 de Malaquías, en el Antiguo Testamento.

Francisco Valderrama, licenciado en teología por el Seminario Bautista de Los Teques y pastor evangélico, declaró que el aporte denominado diezmo es voluntario y así como la Iglesia Evangélica recomienda que represente el 10% de los ingresos de sus feligreses, no es un monto obligatorio y “naturalmente, aquel que no tenga la posibilidad de aportar ese monto, no está obligado a hacerlo. Todo el dinero que se recauda es empleado para sostener la infraestructura de la iglesia, pagar servicios y muchos recursos son reinsertados en la comunidad, entregándolos como un aporte a los más necesitados en cuestiones no sólo económicas sino de salud o vivienda”.

Yolanda Torrenegra, miembro desde hace 20 años de la congregación Luz del Mundo en Puerto Ordaz, detalló que en su iglesia los feligreses realizan tres tipos de aportes. “Primero está la colaboración que se entrega cuando se asiste al templo tipo limosna, luego el diezmo mensual, y por último la ofrenda misionera, que se entrega dos veces al año y se destina a la construcción de nuevas iglesias y los gastos del pastor”.

Conflictos bien terrenales. En el año 2013, cuando se presentó ante la Comisión Permanente de Cultos y Régimen Penitenciario de la Asamblea Nacional el anteproyecto de Ley de Religión y Cultos, que aspiraba poner en práctica el artículo 59 de la Constitución, donde se reconoce el derecho de todas las personas a profesar su fe religiosa y culto, destacó que entre los aspectos necesarios de regular estaba lo vinculado con los bienes y donativos.

La diputada Isabel Lameda Herrera (Psuv), en ese entonces integrante de la comisión, explicó que entre las distintas creencias, la cristiana evangélica es la que registra mayor número de litigios por aspectos vinculados con los bienes. Detalló que “muchas veces se realizaban donaciones y no se determinaba si eran de la iglesia o si quedaban a nombre del pastor, luego ocurría una situación de fallecimiento y surgían los conflictos”.

Así le ocurrió a la Asociación Civil Iglesia Evangélica El Mesías en Maracaibo, donde un grupo de herederos demandó la división y partición de los derechos de propiedad de 50 por ciento de un inmueble constituido por un terreno también en copropiedad con el otro 50 por ciento a la Iglesia El Mesías. El caso fue elevado a tribunales ante la incapacidad de las partes de llegar a un acuerdo.

Otro caso que reposa en la Fiscalía 26 del estado Zulia vincula a la pastora (ministra) de la iglesia La Cruz, Esmérida Cobo, con delitos de usurpación de funciones, uso de documento falso, instigación para delinquir y apropiación indebida calificada.

En comunicación telefónica sostenida con Últimas Noticias, la pastora se defendió afirmando que “todos los bienes de la Iglesia son de la Iglesia y están a nombre de la Iglesia, lo único que es de mi propiedad es la Unidad Educativa La Cruz”, y aseguró poseer todos los documentos que demuestran su versión.

Sobre la acusación por usurpación de funciones tras el fallecimiento del pastor, quien también fuera su esposo, explicó: “él dejó una comisión compuesta por 11 personas que se mantuvo orando para que el Espíritu Santo les dijera quién sería el próximo pastor; un día se hizo una elección y 9 de 11 personas eligieron mi nombre, fue así como yo me convierto en pastora, yo fui escogida por el Espíritu Santo”.

Por su parte, Walter Boza, jefe de la Dirección Nacional de Justicia y Culto del Mpprij, explicó que aun cuando en el país no existe una normativa que regule el funcionamiento de las Iglesias no católicas (la Católica se rige por un tratado firmado entre el Estado venezolano y el Vaticano con rango y fuerza de ley), la vía para formalizar su estatus es bajo la figura de la organización sin fines de lucro.

En la iglesia católica todo es voluntario. En la parroquia de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, situada en Las Mercedes, en Caracas, una cartelera informativa muestra un comunicado de la Arquidiócesis de Caracas con los aranceles eclesiásticos de celebración de misas especiales, sacramentos y exequias. Según el comunicado firmado por el cardenal Jorge Urosa Savino, quien desee celebrar un matrimonio deberá cancelar una cuota de mil 200 bolívares, más Bs 900 por el curso prematrimonial, según informó la secretaria de la parroquia, quien aclara que se trata de valores vigentes para el año en curso, el próximo puede variar.

El documento que entró en vigencia el primero de mayo de 2014, señala que “no es lícito exigir una cantidad determinada para estas ofrendas que son libres, si bien se puede exhortar a los fieles a la generosidad”.

El comunicado de la Arquidiócesis también recuerda la obligación de los sacerdotes a prestar gratuito ministerio a los pobres, y de aplicar razonable y gradualmente el arancel cuando los fieles no pueden erogar las cantidades máximas indicadas.

No obstante, en iglesias ubicadas en zonas más humildes, como la Santa Teresita del Niño Jesús, en Catia,administración informó que la apertura del expediente para un matrimonio cuesta 800 bolívares.

Si bien el aporte económico que se realiza es voluntario, todas solicitan a sus seguidores desembolsar montos de dinero para cumplir o formar parte de las prácticas, ritos y celebraciones que la constituyen.

A Judith le tomó dos años reunir el dinero para “hacerse el santo”, pero afirma que valió la pena “por que la religión después se encargará de darte todo, de darte cosas para que puedas encontrar la evolución desde todo punto de vista; mucha gente lo hace por salud o por un problema, yo particularmente lo hago por devoción. Yo elegí esta como mi religión”.

Fuente: UN.

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