En caída libre

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Para los venezolanos cada día que pasa, es peor que el anterior. Esa es nuestra realidad concreta. Este descuartizamiento del país, era absolutamente previsible. ¿Se podía, ateniéndonos a un mínimo de sindéresis, esperar algo distinto? Hoy el país está pagando las consecuencias de haber elegido a una cáfila de aventureros e irresponsables, con el Gran Destructor a la cabeza, para dirigir su destino. El único proyecto político que tenían en mente y que hoy, muy escorado, se hunde progresivamente, era la toma del poder para no entregarlo jamás. A eso fines fue destinado el petróleo, a desarrollar un populismo activo que convirtiera al ciudadano en un menesteroso del estado. Adiestrarlo cual perro de Pavlov, para que aprendiera a identificar al régimen como el gran dador de cosas, y que fuera un receptáculo seguro del discurso de odio y violencia que convierte a quienes dentro y fuera del país critican al gobierno, en enemigos merecedores de castigo.

Creyeron que ellos fijarían el precio del petróleo, que no pararía de aumentar, y esta explosiva mezcla de ignorancia, corrupción e ineficacia, produjeron estas consecuencias. Escases de absolutamente todo lo que un ciudadano moderno pueda imaginarse, inflación que hace imposible pagar lo poco que se encuentre, crisis en todos los servicios públicos, y esto mezclado con un sórdido y peligroso entorno de violencia traducido en asesinatos, secuestros y atracos, que nos colocan como uno de los países más peligros del planeta.

Esta es la cosecha de 16 años de mesianismo, de delirios siquiátricos, de “revolución bonita”. Destruyeron las empresas privadas y las públicas, hasta lograr la “hazaña” de endeudar al país–con los precios del petróleo más altos de la historia- en más de 300 mil millones de dólares. Abundan libros, investigaciones periodísticas incontrovertibles, testimonios de muy altos jerarcas del régimen, que delatan con nombres y apellidos el sustratum de la podredumbre gobernante. Pero como dice la canción “todo tiene su final”. Este régimen está acabado, solo le queda la violencia institucional para sembrar terror y aferrarse al poder. Harán lo posible por suspender las elecciones, pero ya la desesperación y la indignación del pueblo no pueden ser contenidas.

El miedo del gobierno ante la aplastante derrota que le espera, lo ha llevado a entrar en el previsible ciclo de sumar errores nuevos a los viejos. Este es el caso del conflicto con Colombia, un bumerang que ha concitado un repudio mundial a la decisión de Maduro. Los estados de excepción son un intento claro de boicotear las elecciones, así como la negativa -muy ilustrativa de sus intenciones- de impedir la presencia de observadores internacionales calificados. El próximo intento será la sentencia a Leopoldo López a prisión, en un juicio, que salvo las torturas físicas pavorosas que las acompañaban, recuerda el tenor de los procesos de Moscú ejecutados por los obedientes jueces de Stalin.

El mensaje que quieren transmitir con una sentencia condenatoria es muy claro: Somos el poder, hacemos lo que nos da la gana, y seguiremos metiendo preso a quien nos enfrente. Nuestra respuesta es clara, no caeremos en la irracionalidad de la violencia que les favorece y desean, les daremos una paliza aplastante en las elecciones del domingo 6 de diciembre, y para ello cada día que pasa debemos afianzar la unidad de la alternativa democrática, de todos los venezolanos que saben que tienen el derecho a vivir y a ser tratados como personas y no como animales en interminables y humillantes colas.

El monumental esfuerzo que representa la Mesa de la Unidad Democrática, debe estar por encima de los errores que sin duda puedan haberse cometido, por lo demás inevitables en un proceso que implica concertar la voluntad de tanta gente, partidos y agrupaciones. Hay que estar alerta para no caer en la trampa de tipejos pagados por el régimen para inventar partidos, o para secuestrar tarjetas de algunas organizaciones prácticamente inexistentes, solo con el propósito de quitar votos a la unidad.

Estemos claros también, en que, candidato a diputado fuera de la unidad democrática le hace un favor al gobierno, ojalá haya suficiente sensatez para entender esta obviedad. No es tiempo de egos, un voto fuera de la unidad es un voto que se le da al gobierno. Todo indica que se ganará la asamblea nacional por mayoría aplastante, que no quede fuera de esta fiesta democrática nadie por complejos o apetencias personales. El régimen esta en caída libre.

F/Talcualdigital.com

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