Empobrecimiento en Venezuela afecta “industria” de los secuestros express. Por: Mario Szichman

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La crisis económica en Venezuela se ha extendido a todos los sectores de la sociedad, inclusive entre los malandros y sus víctimas, indicó el semanario británico The Economist. 

Parece perdida en la bruma de los tiempos esa época dorada en que bandas de hampones planeaban la captura de sus víctimas con semanas o meses de antelación y luego se alzaban con un botín considerable capaz de financiar la logística y los riesgos subsiguientes.

Ahora, se ha modificado la mecánica. Muchos de los secuestros se han convertido en algo bastante chapucero, con escasos beneficios.

La revista cita el ejemplo de una pareja que tras abandonar una fiesta en Caracas en diciembre pasado, fue bloqueada por dos automóviles. Cuatro asaltantes se llevaron en un carro a la mujer, una estudiante universitaria, y varios a su novio, en el otro vehículo.

La madre de la estudiante dijo que los secuestradores pasearon con los vehículos por Caracas y “negociaron con nosotros por teléfono mientras mi hija iba en el asiento trasero”.

El secuestro duró dos horas. Se aceptó el pago de un rescate, y tanto la muchacha como su novio quedaron en libertad. Con una frase ya clásica en Venezuela, A Dios gracias, a la pareja no le pasó nada.

En caso de que hubieran asesinado a ambos, seguramente alguna otra frase hubiera surgido dando gracias por una cosa que afortunadamente no había ocurrido.

Según el Observatorio de la Violencia en Venezuela, un grupo de estudios con sede en Caracas, la cifra de secuestros express es la modalidad preferida en el país. Y al parecer, en otras naciones donde los secuestros tradicionales (contra personas ricas) han disminuido. Es el caso de Colombia, dijo The Economist, donde la cifra de secuestros pasó de 3.572 en el 2000 a 277 en el 2014.

El semanario británico atribuyó parte de la drástica disminución del secuestro tradicional “a que el grupo guerrillero izquierdista FARC ha abandonado en buena parte ese negocio”. Eso ha causado también una disminución del precio de los rescates, indicó la policía.

La epidemia de secuestros express afecta también a varias ciudades brasileñas. El método más empleado es capturar a una persona, y obligarla a punta de pistola a retirar dinero de múltiples cajeros automáticos. También en Ecuador el secuestro express se ha diseminado.

Al democratizarse el secuestro, se han ido diluyendo las ganancias de sus perpetradores. El OVV, basándose en una encuesta de 2010, dijo a The Economist que podrían registrarse unos 17.000 secuestros por año en Venezuela. (La cifra es muy superior a la que brindan estadísticas oficiales, esto es, cuando el gobierno acepta divulgarlas).

De acuerdo al “think tank” venezolano, “La mitad de las víctimas son pobres, el 47 por ciento pertenece a la clase media, y menos de un tres por ciento son ricos”.

Andrés Schloeter, un concejal en el distrito de Sucre, uno de los más pobres de Caracas, dijo a The Economist que “cualquiera es un objetivo potencial, incluidos los muy pobres”.

Terra Firma, una empresa de seguridad que cuenta con una sucursal en Caracas, dijo al semanario que los secuestros acatan la nómina de pagos de las empresas públicas y privadas, y se incrementan súbitamente cada dos semanas, el día de cobro de salarios y prestaciones sociales. Eso sugiere que las víctimas pertenecen a la clase trabajadora.

La mayoría de los secuestradores, dijo Schloeter, no integran la elite criminal. “Ellos no requieren de una extensa red” de colaboradores. “Con un delincuente armado es suficiente”.

Inclusive ha surgido una industria subsidiaria: la delación de personas secuestrables, dijo The Economist. Un negociador de Terra Firma informó que algunos criminales inclusive aceptan que los secuestrados les ofrezcan nombres de secuestrables “como pago parcial” del rescate.

A fines de mayo pasado, una pareja de venezolanos fue asesinada en su vivienda de la Urbanización FundaCagua en el estado Aragua. Las víctimas, Mariela Ramos, de 30 años de edad, y su compañero, Jean Carlos Farruggio, de 37 años, fueron torturados antes de ser asesinadas frente a sus hijos.

Según medios de prensa locales, “la familia habría estado planificando emigrar del país, por miedo a la inseguridad”. Ramos, que se desempeñaba como periodista recibió un tiro en la cabeza, en tanto su esposo recibió uno en la espalda. Versiones de prensa señalaron que la pareja había retirado sus ahorros antes de abandonar el país. Presuntamente, alguien se enteró de sus planes. La pareja era muy secuestrable.

The Economist dijo que el principal factor que ha hecho proliferar los secuestros express es la garantía que tienen los hampones de no ser jamás capturados. “Muchas abducciones no se denuncian”´, dijo Javier Gorriño, un criminólogo venezolano, y ex policía.

El profesional dijo que las víctimas prefieren muchas veces negociar directamente con los secuestradores. Y eso, debido a “temores bien fundados de que la policía tiene contactos con los perpetradores, o que las víctimas serán heridas si se intenta un rescate”.

Cuando se trata de un secuestro express, el incentivo para llamar a las autoridades es aún menor. Y gracias a eso, los secuestradores continúan en el negocio.

Lo único que impide a los delincuentes abandonar las tareas y morirse de hambre de manera honesta es la garantía de una total impunidad.

F/alcualdigital.com – @mszichman, marioszichman.blogspot.com

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