El pabellón no se sirve con soberanía ni patria

 

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Con autobombos el Ministerio de Alimentación define al país como una “potencia agroalimentaria”, aunque sólo se está produciendo el 30% de la demanda nacional anual.

El plato más característico y emblemático de Venezuela hace rato perdió su nacionalidad.  Sus productos son mayoritariamente exógenos. Sus ingredientes están cada vez más escasos en el campo nacional y su producción es casi invisible.

La producción de los ingredientes agrícolas de la que depende el tan colorido y sabroso manjar ha tenido una caída desde hace cinco años, acentuándose en 2015 por el déficit que presenta el sector agrario en materia de agroquímicos, semillas, repuestos y maquinarias.

Para el vicepresidente de la Confederación Nacional de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro), Aquiles Hopkins, la merma en la producción agrícola se debe, además, a la intervención de las tierras, al irrespeto a la propiedad privada, a la inseguridad personal en el campo, a los controles irracionales de los precios y a la “falta de confianza y negativismo” por parte del gobierno al no tomar en cuenta al productor nacional y preferir importar los alimentos antes de invertir en tecnología para producir en Venezuela un producto de calidad.

El pasado agosto el presidente Nicolás Maduro realizó una gira asiática en la que firmó, entre otras cosas, algunos acuerdos con Vietnam para mejorar la producción agrícola y “relanzar relaciones comerciales” entre los dos países para el desarrollo agropecuario en el área occidental, central y centro-oriental de Venezuela. El mandatario presumió en ese momento que Venezuela “es un país con un poderoso mercado interno (…) sostenido y sustentable”.

Actualmente Venezuela está produciendo en materia agraria 4.500 millones de toneladas al año, lo que corresponde a solo 30% de la demanda nacional que se encuentra en 16 mil millones de toneladas anuales. Sin embargo, el Ministerio para la Alimentación se regocija al celebrar el pasado 16 de septiembre los 11 años de su creación, definiéndose como una “potencia agroalimentaria”. 

Hopkins resalta que la causa principal de la falta de producción yace en que el gobierno nacional “no se sienta con los productores para trabajar en un plan por Venezuela y para la producción nacional”, recalcando que la solución no está en firmar acuerdos ­que no son palpables- con otros países, sino en entender y afrontar la situación. 

EL REY DE LA IMPORTACIÓN El país se está convirtiendo en el fantasma latinoamericano de las exportaciones, pues es muy raro ver una etiqueta que diga “made in Venezuela”, y más cuando el país sólo produce 30% del consumo nacional de alimentos y se vale de importaciones para abastecer los anaqueles.

Venezuela exportaba anteriormente 200 mil toneladas de arroz por año; hoy se importan aproximadamente 450 mil toneladas. En cuanto al ganado en pie y carne congelada, Brasil se ha convertido en el principal proveedor, seguido de Nicaragua. La producción local solo cubre 20% de la demanda, por lo que 80% restante debe importarse. 

No existe producción nacional de trigo y avena.  La totalidad de las toneladas que consumen las empresas para procesar harina, galletas y pastas se trae del exterior. 

La producción nacional de azúcar es cercana a las 500 mil toneladas de refino, pero el consumo nacional asciende a 1,3 millones de toneladas al año, lo que obliga a importar unas 800 mil toneladas de azúcar cruda, lo que equivale al 61,5% de la demanda nacional.

En granos como caraotas, arvejas y otras leguminosas, el sector productivo nacional solo aporta unas 50 mil toneladas de granos, lo que representaría 25% de la demanda nacional, por lo cual se importa 75% restante.

Más de 70% del cereal que se usa para los alimentos balanceados para animales también es importado.

PRODUCIR A PÉRDIDA

El campo nacional se encuentra en total capacidad de producir, pero la escasez de agroquímicos y semillas le ha ganado la batalla a los productores, quienes también se encuentran en la espera de repuestos y maquinarias desde hace más de cinco años.

En lo que va de año el sector ha recibido únicamente el 10% de los requerimientos anuales en tema de tractores y cosechadoras.  Para los repuestos, la situación empeora, pues en cuatro años solo han recibido el 20% de los repuestos e implementos agrícolas.

Aunado a esto, el ingreso que los productores perciben ni siquiera cubre el 60% del costo de producción debido a un control irracional de precios que termina perjudicando tanto al productor como al consumidor, siendo éste último el que ve las consecuencias inmediatas al no conseguir los alimentos, al verse obligado a hacer largas colas para poder comprarlo, o a comprarlo a precios muy elevados.

Actualmente el productor de arroz percibe Bs 8,60 por kilo. El costo de producción de arroz es de 15 bolívares; mientras que en el mercado se consigue a un monto que supera los 70 bolívares por kilo.

Lo mismo sucede con los productores de caña de azúcar, quienes perciben 13 bolívares por kilo cuando el costo de producción sube a Bs 16 y en el mercado alcanza los 100 bolívares.

En el caso del café, Venezuela era un exportador de café y reconocido en el mundo por su producto, hoy el país se convirtió en importador neto, ya que no se abastece ni siquiera el 40% del consumo nacional.  Se tiene un café regulado en Bs 46 el kilo, que rinde para aproximadamente para 140 tazas de café. En el mercado, una taza de café grande tiene un costo de 80 bolívares. 

 NI TAN CRIOLLO

Con una falta de producción nacional de alimentos, una larga lista de importación y un déficit de agroquímicos, semillas, repuestos y maquinarias, el plato “típico” de Venezuela cada vez tiene más cosas importadas y menos hechas en la patria. Probablemente se tendrá que suplantar su sabor por otros ingredientes que se consigan en el mercado o que puedan tener un precio acorde a un salario mínimo de 7.421,67 bolívares que no alcanza para costear la canasta alimentaria que en el mes de julio alcanzó los 41.681,70 bolívares.

Un plato “criollo” que cuenta con un arroz con 450 mil toneladas importadas; unas caraotas negras que actualmente no se producen en tierras venezolanas y que al ser importadas ahora tienen un costo de 1.200 bolívares el kilo, y una carne desmechada que cuenta con un 80% de importación. 

Se salva-por ahora- el plátano para las famosas tajadas, aunque su siembra está sufriendo recientemente un declive por falta de combustible y de insumos para su producción. De seguir así, varios platos típicos de Venezuela podrían sufrir las consecuencias de esta falta de producción de alimentos. 

Si de proyecciones hablamos, el niño Jesús probablemente recibirá muchas cartas de venezolanos, donde le pedirán que en vez de regalos materiales, les traiga alimentos para llenar la despensa y preparar los tradicionales platos navideños. 

F/Talcualdigital.com

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