El guía redivivo de Canaima,“Muerte” García

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Detenta varios nombres pero todos prefieren llamarlo “Muerte”. En el aeropuerto de Canaima, desciende un corpulento chamán nimbado de turistas. Su única vestidura es un guayuco rojo, penacho de plumas y cuentas de semillas y colmillos que penden de su cuello hasta descender a su tórax pemón. Fuma Malboro rojo, bebe Solera, tiene un Samsung, es guía exclusivo del lujoso Wakü Lodge 

Me llamo Viernes, Oso, Ató, Chamán, José, Isaac, Pepe, Muerte, Suerte y El Gran Piá. Yo nací en una parte que se llama Sarisariñama, donde nace el cuarto río más grande de Venezuela: el Caura, pegado a la montaña amazónica del estado Bolívar y Brasil. Ahí nací yo. Fui criado con pescado asado y pescado sancochado, y con todo lo que se podía cazar en la montaña. Era un hombre muy feliz antes de conocer la plata porque lo único que conocía era la cacería, tener novia y cosas así. No sabía nada más. Había escuchado “Venezuela” y yo pensaba que “Venezuela” era mi territorio, no más. Una vez una gente fue a pescar pavones en el Alto Ventuari, y me vieron tejiendo una churuata allá en la montaña y se enamoraron; una churuata como esta (señala). Me dijeron que si podía ir a Caracas a hacerles una. Yo les dije que me dejaran terminar. y después de una semana, que ellos estaban pescando aguas arriba, bajaron, me montaron en un helicóptero, volamos dos horas hasta la población de Puerto Ayacucho, y allí fue que vi gente, carros, bicicletas y motos, a los 16 años.

Me montaron en un avión —primera vez que vuelo en esos aparatos— como hora, hora y media, hasta Caracas, hasta La Carlota, que me acuerdo. De ahí me agarraron en unos carros y casi me hacen asfixiar porque el aire acondicionado se metía por mis narices y sentía que la frente se me iba a explotar; hasta que bajé el vidrio para sacar la cabeza pa’ fuera pa’ poder respirar bien, porque no estoy acostumbrado a respirar eso y me sentía oprimido. Fui e hice una churuata en Caracas; como quedó muy bonita, la gente me pidió que si me podía quedar tres o cuatro meses, y comencé a fabricar otra, otra, otra y otra, y esos tres meses se convirtieron en tres años. Bueno, allá estaba aburrido porque no tenía amigos, no tenía a nadie, porque mis compañeros con los que fui se regresaron rápidamente cuando terminamos tres churuatas.

¿Que si hablaba español? Un poquito. Bandeado, pero lo atravesaba ahí. Mis compañeros se regresaron. Después que yo quería regresar, tuve una entrevista allá en Caracas con una gente y me dijeron: “Mira, ¿tú quieres ir a trabajar al Salto Ángel?”; yo les dije: “Sí, pues. ¿Es montaña?”, y me dijeron que sí. “¿Hay indios allá?”; me dijeron: “Sí, hay indios”. Me montaron en un avión como hora y media y me soltaron aquí en Canaima. Cuando llegué aquí hice como 15, 20 churuatas. Después que las terminé, me contratan previamente para hacer una churuata en una parte que se llama Arecuna. Mientras que la estaba haciendo, dejé una mujer embarazada, fui a Arecuna, hice la churuata, entonces me avisaron que había quedado embarazada y regreso a mi pueblo, al Alto Caura, y le digo a mi abuelo que en esos tiempos que había estado trabajando en una aldea indiana, había embarazado a una mujer. Mi abuelo me dijo: “Bueno, agarre todos sus trapitos, todas sus cosas, y se va para esa aldea. ¿Te recibieron bien?”, y yo le dije que sí. Él me dijo: “Váyase para allá que usted tiene un compromiso. Va a nacer su hijo o su hija y vaya a cuidarlo. Si a usted no lo reciben bien, se trae su esposa o su hijo y venga a criarlo aquí en la comunidad”. De tanto ese tiempo llevo 28 años aquí en esta zona y ya tengo toda mi generación aquí. Mis cinco hijos son de aquí.

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