Dos meses de protestas: quién gana y quién pierde en Venezuela

En Venezuela se ha disparado un proceso único de rebelión social que lleva más de dos meses. En el camino han quedado hasta compatriotas asesinados, presos de consciencia y miles de detenidos y heridos.

Afirmamos que es único por varias razones. Abarca toda la nación y todas las clases sociales, además, no cuenta con un liderazgo visible pues, a esta altura, queda claro que las cabezas más importantes de la Mesa de la Unidad han sido desplazadas por la determinación y el discurso de los que protestan en las calles.

¿Qué buscan los que arriesgan su vida en las manifestaciones venezolanas? El objetivo es unánime: salir de Nicolás Maduro ya. Queda claro que la población no acatará más llamados a diálogo, elecciones intermedias ni mucho menos acudirá a una pretendida Constituyente convocada por los bolivarianos. Otra gran novedad, tal vez la más determinante, tiene que ver con el discurso y la disposición al cambio. Es la primera vez en la historia de este país que se habla a gran escala de libertad, pero no solo de libertad política, como hubo en la época de los gobiernos civiles, sino además, libertad económica. Esos muchachos nacidos durante el chavismo están conscientes de que el socialismo es una estafa y que las vidas ofrendadas por sus compañeros solo serán debidamente honradas si se avanza en Venezuela hacia un ambiente de oportunidades para prosperar independientemente del Estado.

Con todo, se escuchan muchas voces expresando pesimismo. Sin embargo, es nítido lo mucho que se ha avanzado a consecuencia de la rebelión. En primer lugar, es inocultable la fractura que existe dentro del régimen. La fiscal general, Luisa Ortega, la misma que encarceló a Leopoldo López, se ha desmarcado totalmente de los abusos perpetrados por Maduro y ha denunciado la autoría de los asesinatos cometidos por la Guardia Nacional Bolivariana, que actúa como una fuerza de ocupación. Adicionalmente ha insistido la Fiscal en que la pretendida Constituyente de Maduro viola la actual Constitución y aumentaría la crisis. Lo propio han hecho dos magistrados del otrora monolítico Tribunal Supremo de Justicia, elegido a dedo por Maduro. Es previsible que en los próximos días se sumen otros magistrados e incluso algunos militares.

En el frente internacional el curso de caída del régimen es también indetenible. Donald Trump le metió el acelerador a la acusación de capo del narcotráfico al vicepresidente venezolano Tareck El Aissami. Sobre éste ya pesa lo que en la legislación estadounidense se conoce como un Kingpin Act. Esto compromete todo el entorno de El Aissami y lo eleva a la condición de amenaza para la seguridad nacional de EEUU. Un sector de la cúpula bolivariana podría estar considerando a El Aissami como una pieza de negociación a la hora de obtener mejores condiciones para abandonar el poder.

También cuenta la reciente sanción a ocho magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. El dictamen del Departamento del Tesoro congeló los activos de los jueces chavistas por haber usurpado las funciones de la Asamblea Nacional.

La crisis venezolana llegó en estos días al Consejo de Seguridad de la ONU. Allí, en voz de la embajadora de Estados Unidos, Nikki Haley, se comparó a Venezuela con “Siria, Corea del Norte, Sudán del Sur, Burundi o Birmania”. Esto pone a Venezuela ante la comunidad internacional en el cuadrante de Estado fallido y nación sujeta a todos los estragos de una crisis humanitaria.

Ahora bien, la mayor amenaza internacional a la dictadura bolivariana provendrá irónicamente del presidente colombiano Juan Manuel Santos. Durante cuatro años, el tiempo que duraron las conversaciones de paz con la guerrilla, Santos se hizo el loco con Maduro, quien actuaba como facilitador de las negociaciones. Hoy que ya tiene su polemico Acuerdo de Paz y su Premio Nobel, Santos tiene latitud para actuar contra el dictador venezolano. Entre otras cosas, debe moverse rápido para evitar la avalancha de refugiados que empiezan a asomarse en la frontera oriental de Colombia.

En su visita reciente a Estados Unidos las cosas pasaron a un nuevo nivel de acorralamiento para la dictadura. Santos recibió el ofrecimiento por parte de varios senadores de ayuda militar para contrarrestar cualquier provocación o posible conflicto con Venezuela. Lindsey Graham, senador republicano, le preguntó al presidente colombiano qué tipo de armamento creía necesario tener para disuadir una provocación desde Caracas.

A cada minuto crece el asedio contra la dictadura roja y todo eso es consecuencia directa de la rebelión social. Es hora de seguir avanzando. Se ha comprobado que a mayor presión social, mayor es la presión interna y externa sobre el régimen y mejores las condiciones para negociar una salida de Maduro. Los venezolanos no se conformarían con menos.

F/Elnuevoherald.com