Como conseguir todo lo que quieras en la Venezuela de Maduro

Colas-para-comprar-en-Venezuela-Compras-PDVAL-Mercal-05032014-800x533Imagine que se le antoja una taza de café en este instante. Va a la cocina y descubre que no queda. Le apetece tanto hacerse uno que no duda en bajar a la tienda más cercana y comprar un paquete y, de paso, un litro de leche. Este gesto, tan sencillo, es prácticamente imposible en Venezuela. No encontrará café molido ni leche líquida o en polvo en muchos kilómetros a la redonda. En cambio, casi en cualquier cafetería, panadería o restaurante podrá pedir café negro o con leche.

Pasa lo mismo con la harina de maíz, de trigo, el azúcar y cualquier alimento o producto que tenga el precio regulado por el Gobierno. A no ser que se tenga suerte. Antonia, una mujer que ronda los 70, con acento andino, lleva harina de maíz, aceite vegetal y detergente en polvo. Oro dentro de bolsas plásticas.

“He ido al supermercado por unas frutas y justo acababa de llegar esto. Es por número de cédula y hoy tocaba la mía, así que me puse a hacer la colita”.

Al llegar a ese mercado ya no quedaba nada de lo que Antonia había podido comprar 10 minutos antes. Desde inicios de 2015 muchos productos se empezaron a vender según la última cifra del documento de identidad. Si, por ejemplo, termina en 5, se podrán comprar el miércoles. Y así cada día de la semana. El Gobierno implantó esta medida que limita el día de compra y la cantidad de productos regulados que los venezolanos se pueden llevar a casa para combatir el contrabando y venta informal de alimentos, productos de higiene personal y de limpieza. En junio eliminó la medida y la volvió a implantar en agosto.

‘Si tengo la casa acomodadita, le digo a Yuraima que haga recorrido y cola y compre lo que encuentre. Puede que alguien cercano lo necesite’Para los que no creen en la suerte, están los contactos. María Gabriela tiene el teléfono de varios dependientes de distintos mercados. “Cuando llega algo, me mandan un sms y, si puedo, voy volando. Si toca mi número de cédula, perfecto. Si no, mando a alguien por mí”. La técnica de recorrer los supermercados, aunque no sea para uno mismo, se ha extendido. Virginia tiene una chica en casa que se encarga de las labores del hogar dos veces por semana. “Si tengo la casa acomodadita, le digo a Yuraima que haga recorrido y cola y compre lo que encuentre”. Y eso puede ser desde cosas que necesite hasta aquellas que no vaya a utilizar, “pero nunca se sabe si alguien cercano lo va a poder necesitar”.

También se puede hacer trueque. “El otro día cambié con una prima jabón de platos por unos rollos de papel de cocina”, cuenta Virginia a El Confidencial. Más allá de la red de familiares, amigos y conocidos, en la red social Instagram han proliferado las cuentas que promueven este tipo de intercambio. Al buscar ‘trueque’, aparecen cuentas para distintas zonas de Venezuela, muchas de ellas, privadas. En las que son abiertas se pueden leer mensajes del siguiente tipo: “Cambio cada caja de Belara (anticonceptivas) por 3 paquetes de pampers (pañales) morados talla M de 24 unidades” o “Cambio Ariel por jabón de baño”.

Si tienes dinero, te lo llevas Karina acaba de conseguir detergente en polvo y perrarina (alimento para perros). Le quedaban en casa menos de 100 gramos del primero y apenas para tres comidas de la segunda. “Estoy de vacaciones y por eso me puedo dedicar a buscar qué hay”. Llevaba tiempo sin conseguir papel higiénico, pero “en unos chinos compré hace unos días un rollo de 125 metros (industrial) por 1.200 bolívares y me lo llevé”. Un paquete normal, con cuatro rollos, cuesta menos de 70 bolívares. Cuenta que en su casa no tiene pasta, arroz o harina de trigo. Hace una semana su hermana consiguió harina de maíz en Charallave y le dio una parte. Las lentejas, hace cuatro meses que no entran en su casa. “Ni las he visto, ni a precio regulado ni a precio caro”.

En el mercado de Quinta Crespo, en el oeste de Caracas hay pollo, carne, verduras de todo tipo, e incluso granos como caraotas negras, quinchoncho o arveja. Pero nada es a precio regulado. Si el kilo de pollo regulado se vende a 65 bolívares, aquí el precio sube mínimo a 100. Un kilo de caraotas, que hace unos meses se conseguía a 40 bolívares el kilo, ahora se compra en 800 bolívares, una novena parte del salario mínimo, que se sitúa en 7.400 bolívares.

Luz Mary tiene su puesto desde hace 30 años. Es canaria y vino a este país con 21 años. “El otro día vinieron las lentejas, pero estaban tan caras que ni me atreví a comprarlas. Si ofrezco eso a mis clientes, me voy a ganar insultos y peleas”. En un puesto cercano sí se atrevieron y las venden a 2.100 bolívares el kilo, un poco más de un tercio del salario mínimo. Luz Mary dice que en estas décadas nunca sintió tanta escasez como ahora. “Lo poco que llega es importado, así que para quienes no somos gobierno, es carísimo. Estos garbanzos vienen de México y está en 1.500 bolos el kilo. Dime tú, si ni grano se puede comprar”.

En las afueras del mercado, un camión descarga y distribuye entre algunos comerciantes arroz regulado. El precio fijado por el Gobierno es de 25 bolívares por kilo. El señor que lleva el camión ofrece a un curioso un bulto de 28 kilos por 2.800 bolívares, es decir, a 75 bolívares más de su precio. “Mucha gente viene temprano para ver qué se puede llevar y revender”, dice Federico, trabajador desde hace 7 años en Quinta Crespo. “En estos días tuvo que venir un camión a las 5 de la mañana y descargar por la parte de atrás para que nadie lo viera y no se pusieran a zamurear ”.bachaqueros

Un primer atisbo de esa reventa se ve en el mercado de Chacao, al este de Caracas. En algunos puestos hay desodorante, algo que lleva meses desaparecido de los anaqueles de grandes superficies. El precio fijado por el Gobierno es de 100, en cambio, aquí se vende en 200. Pero el reino del mercado ilegal está en la zona de buhoneros  que en la redoma de Petare, , hacen su agosto. Si usted no encontró café, aquí lo tiene. Papel higiénico, champú, acondicionador, detergente en polvo, harina de maíz… Todo lo tiene. Aunque a precios que oscilan en hasta 10 veces más que el valor del producto. Carlos se dedica a la encomienda de estas cosas. Controla el mercado a la perfección. Si él no tiene un producto, sabe con quién conseguirlo y lo lleva a domicilio.

“Sale más provechoso dedicarse a esto que tener un trabajo formal en el que pagan dos lochas”.

Jaime  tiene una arepera. Nunca falta la harina de maíz para este alimento tan venezolano.

“Pago a un gandolero  para que me traiga siempre. Si no tengo harina, se acaba el negocio”.

Explica que muchos restaurantes hacen así. “Por eso hay pizza, pasta, café… Todo se compra con sobreprecio y el producto final es más caro”.

F/El confidencial

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