CLAP: canje de votos por bolsas

Por: Elestimulo.com

Los miembros de los Comités Locales de Abastecimiento deben demostrar absoluta fidelidad al oficialismo. Los que reciben alimentos a precios subsidiados también quedan obligados a respaldar “la revolución” incondicionalmente. La comida barata se paga con apoyo electoral al gobierno 

La lista está publicada en la cartelera del Bloque 4 de Lomas de Urdaneta. 160 vecinos tienen fecha para buscar los productos de primera necesidad distribuidos por los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Después de 21 días de espera, a las 7:00 am del 16 de enero de 2018,  todos están listos para trasladarse a La Ciudadela, ubicada la avenida Circunvalación de Catia. Allá esperan comprar las bolsas de comida barata.

La mañana de ese segundo martes de enero fue fría. Los vecinos interesados en los alimentos que escasean y que no podrían obtener a precios “liberados” tuvieron que llegar abrigados, con sus tarjetas de débito en mano y dinero en efectivo “por si acaso”.

El precio de la bolsa fue 25.000 bolívares, lo que cuesta un café pequeño en cualquier panadería de Catia. “No es nada” aseguran los habitantes del sector. Pero no falta el que advierta: “En mi familia somos cinco y los alimentos que vienen en los CLAP solo nos duran una semana”.

La lista de compradores la tienen los miembros del CLAP que con anterioridad realizan un censo en las comunidades para determinar cuántas familias hay en cada vivienda; en este caso, apartamentos. Cada cabeza de familia espera 21 días hábiles para retirar su bolsa. Ese martes fue el día.

La vocera o vocero territorial es la que está a cargo del proceso. Verifica con la cédula de identidad o el Carnet de la Patria si la persona es el delegado familiar para comprar la bolsa ese día. Este proceso dura tres minutos, aunque a veces se prolonga por las 160 personas que acuden.

La vocería territorial tiene muchas caras en cada uno de los 23 Comités constituidos en la zona 10 de Catia. Su cargo -como fue descrito por un miembro interno de los CLAP, quién pidió sea resguardada su identidad- es netamente político. “Tiene que hablar bien del gobierno”, aseguró la fuente.

A las 7:20 de la mañana, un grupo de 100 personas han llegado a La Ciudadela. El frío aún se siente. Las caras largas sobran, pero de la boca para afuera no se emiten más palabras que: “¿Cuándo llega el camión?”. La política y los problemas de escasez en el país no son un tema sobre el cual se puede hablar libremente en La Ciudadela, sobre todo cuando aproximadamente 20 personas de los Consejos Comunales, los Círculos de Lucha Popular (CLP), las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH) y del Partido Socialista Unido de Venezuela, que hacen vida allí, observan y escuchan detenidamente. Todos están vigilados.

A las 7:30 am todavía no llegaba el camión con la comida. Los vecinos y voceros especulaban sobre cuáles alimentos iban a recibir. Temían que no trajeran productos como leche, arroz, harina de maíz, caraotas. El vehículo viene directamente del Centro de Empaquetamiento de Alimentos para los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CEAC), ubicado en un galpón en Fuerte Tiuna. Dicho centro fue  creado en 2016 por decreto presidencial. Es un organismo adscrito a la Misión Mercal.

En el furgón vienen las 160 bolsas numeradas, selladas y con un precinto de seguridad, que consta de un alambre delgado flexible de acero. Está previsto que llegue a La Ciudadela a las 8:00 am, pero 20 minutos antes en el módulo de Mercal de La Ciudadela se forma la algarabía. “¡Ya llegó el camión!”, exclama una señora de aproximadamente 60 años de edad, que estaba en la cola desde las 6:30 de la mañana. Con un suéter delgado y un carrito de mercado de colores vivos, esperaba en la acera a que la llamaran por su nombre. Para ella este beneficio representa un salvavidas, porque su pensión (de 465.378,35 bolívares) no le alcanza para comprar a precios de mercado.

El camión del CEAC es blanco, no tiene marcas ni señal alguna que lo identifique como un vehículo oficial. Del camión sale un hombre con una pila de hojas, donde están anotados los números de distribución de alimentos, la cantidad de comida y las aprobaciones gubernamentales. Protocolo para los voceros.

“Si falta un código lo informamos de inmediato, para que las personas estén claras de lo que van a comprar. Además, las bolsas que estén rotas son devueltas, se coloca los productos en una cesta y se le notifica al Estado Mayor. Se llama a la familia que no pudo recibir la bolsa y se le da al día siguiente”, explica Marta González, vocera territorial del CLAP correspondiente al Bloque 11 en Las Lomas de Urdaneta.

Los códigos son los alimentos que vienen en la bolsa, cada producto es un serial que está registrado en la lista enviada a los voceros del CLAP, desde el CEAC en Fuerte Tiuna. Para la distribución de ese martes 16 de enero faltaron dos. “No viene el azúcar ni la leche”, grita una de las voceras a través de una reja. Se escucha un cuchicheo, la gente se molesta. Sin embargo, nadie discute. A lo lejos, se escucha a un grupo decir: “Esto solo pasa en revolución”. Eran las 8:00 am, el temor se hizo realidad.

Para los miembros del CLAP, en su mayoría amas de casas que pasan seis de los siete días en La Ciudadela atendiendo a los residentes de las zonas aledañas, la falta de alimentos también les genera preocupaciones. “No nos gusta que falte la comida, pero son cosas que se nos van de las manos. Eso son asuntos del Estado Mayor”, explica Díaz.

El Estado Mayor

A la cabeza, con el cargo de Jefe nacional de CLAP, está Freddy Bernal, ex alcalde del municipio Libertador, actual ministro del Poder Popular para la Agricultura Urbana y Periurbana, y comisario general del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).

El siguiente en la cadena de mando es el concejal del Distrito Capital, William Contreras. Los voceros del CLAP lo identifican como “El Estado Mayor”.

 

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