Chavismo: La Peste del Siglo XXI. Documental

El 15 de junio se estrenó el documental Chavismo: La Peste del Siglo XXI de Gustavo Tovar Arroyo. Luego de varias semanas de intensa promoción por las redes sociales, se logró generar una gran expectativa en torno a este documental que prometía desnudar la naturaleza cruel y despiadada del régimen que nos gobierna desde 1999. Este tipo de iniciativas, orientada a preservar la memoria del terrible sufrimiento que hemos padecido los venezolanos, es indispensable en la lucha frente a regímenes totalitarios, tal y como lo demuestra los efectos de esfuerzos análogos realizados en Alemania y la Unión Soviética, así como la importante labor que en el mismo sentido desarrollan centros como “Post Bellum”, con sede en la República Checa, dedicados a orientar a las nuevas generaciones sobre la esencia de las crueles y terribles características del totalitarismo.

“El ser tiene memoria”, repetía Havel, para explicar la naturaleza del mal que el totalitarismo provoca. Mucho más allá de la destrucción material de un país, y de arrasar con todo lo que el ser humano necesita para cubrir sus necesidades básicas, el totalitarismo produce su más terrible efecto en el alma de los seres humanos. Casi de manera imperceptible, el régimen totalitario busca inundar el corazón de sus víctimas con los sentimientos de odio, resentimiento, maldad, y desprecio que son, en definitiva, los verdaderos soportes de su poder sin límite.

De allí que la lucha frente al totalitarismo sólo prevalece cuando sus víctimas rechazan la destrucción que este odio produce en su condición humana, para volver a la verdad y al bien que sus corazones anhelan. Se enfrenta el mal totalitario con el bien, su falsedad con la verdad, su injusticia con la justicia, su destrucción con el propósito firme de construir. Y esto lo confirma cada ser humano en el fondo de su alma cuando la memoria vuelve su conciencia a la luz.

Con tales expectativas, esperé como tantos otros venezolanos el estreno del documental de Tovar. En sus primeros minutos, se describen los antecedentes de la ascensión de Chávez al poder. Muy pronto, sin embargo, la atención del documental se mueve hacia Rafael Caldera, para afirmar que la “enemistad con Carlos Andrés Pérez”, la “propia soberbia” y la “ambición de poder” llevan a Caldera a “justificar” la matanza del golpe del 4F. Inmediatamente, el documental pone a Caldera a elogiar “irresponsablemente” a Chávez a través de una “cita” que Tovar encuentra en el libro Hugo Chávez sin Uniforme de Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka. Afirmo que esta es la fuente de Tovar pues él mismo así lo indica en su artículo “Los estragos de la guerra chavista” publicado por el diario El Nacional en el año 2016. En este artículo, en el que describe la “idiotez” de Caldera, Tovar anticipa casi de manera exacta lo que luego coloca en su documental. No le importó a Tovar utilizar esta “cita” en un contexto y con propósitos totalmente distintos a los que el lector encuentra en el libro de Barrera Tyzska (p. 170). Tampoco repara Tovar en que no hay referencia alguna a la cita de Caldera en el propio libro de Barrera Tyzka. Lamento de veras, por tanto, no poder unirme al coro de voces laudatorias pues no pasé, ni pasaré, de los primeros minutos del documental.

No ignoro que existe una matriz de opinión que culpa a Caldera por el ascenso de Chávez al poder. No deja de sorprender que quienes más contribuyen a formar y mantener esta matriz de opinión son los mismos que auparon, justificaron, apoyaron, financiaron, y votaron por Chávez. Buscar una única causa a un fenómeno complejo, y transferir culpas a un chivo expiatorio son circunstancias que ocurren en las sociedades por causas más bien irracionales. Esta propensión al juicio falso, superficial e injusto ocurre en algunas sociedades más que en otras por razones de diversa índole, incluyendo distintos contextos históricos y socio-culturales. Sin duda, sin embargo, esta propensión a la calumnia se exacerba cuando se anima y refuerza por quien dirige a la sociedad. Nunca importó a Chávez y ahora a Maduro destruir reputaciones, aniquilar trayectorias, o falsificar la historia, si con ello podían despertar los sentimientos de división, odio y resentimiento, y así avanzar en la siembra de esa destrucción espiritual que requieren para mantener su proyecto de dominación totalitaria. Es comprensible que muchos ciudadanos comunes, enfocados en sobrellevar las inmensas penurias que afectan la vida cotidiana en Venezuela, y sin mayor tiempo o disposición para analizar los hechos con objetividad, sean presa fácil de la mentira y, de alguna manera, consigan sosiego volcando su frustración hacia los “culpables”. Pero este no es el caso de Gustavo Tovar Arroyo, como responsable de un documental histórico y en virtud de su propia trayectoria profesional. Si su interés real hubiera sido rescatar la memoria en favor de la verdad y la justicia, habría consultado los múltiples textos y testimonios, abundantes y fácilmente accesibles, que ofrecen una visión muy distinta sobre la posición de Caldera frente a Chávez. Pero más importante aún, Tovar habría podido consultar lo que el propio Caldera dijo sobre Chávez y el golpe de febrero de 1992. Habría podido, por ejemplo, leer sin prejuicios el propio discurso de Caldera en el Congreso tras el golpe del 4 de febrero. Hubiera podido también consultar el discurso que Caldera dio en el Aula Magna de la UCV a los pocos días del golpe militar. Vale la pena detenernos en este discurso dadas las circunstancias en las que se produjo.

El auditorio de la UCV estaba repleto de profesores y estudiantes que gritaban consignas a favor de Chávez y su golpe militar. En un ambiente hostil y casi violento, Caldera abrió sin embargo su discurso citando al Reinaldo Solar de Rómulo Gallegos: “Casa de segundones, hermana menor de la revuelta armada, tú también tienes la culpa”. Los gritos, insultos, chiflas y silbidos se dispararon inmediatamente. Muchos de los estudiantes presentes, (que imagino son hoy ministros de Maduro, miembros de la ANC o dirigentes del PSUV), intentaron impedir que Caldera continuara su discurso. Pero Caldera alzó su voz y continuó: “Profesores y alumnos, mi mensaje esta tarde no puede ser, no debe ser, para alentar acciones insurreccionales. Dejaría de ser yo mismo, traicionaría mi vida si viniera aquí por acto de demagogia a instarlos a ustedes a que se lancen a aventuras descabelladas.” Y es que Caldera tenía otro deber en mente para la universidad: “les corresponde el deber, la obligación de salvar el principio fundamental de la libertad, de los derechos humanos, del orden jurídico. Yo soy un jurista. Aquí en esta universidad, en la vieja casona de San Francisco, juré defender el derecho, defender las leyes, y he jurado después defender la Constitución y las leyes. No puedo traicionar este juramento”.

Caldera terminó su discurso con estas palabras: “tenemos que recordar que la Universidad es foco del pensamiento, es faro de reflexión, es laboratorio de ciencias, en que tenemos que poner esos intereses superiores por encima de pasiones que en un momento dado pueden arrastrar multitudes pero que son incapaces de construir la verdadera grandeza, el verdadero futuro de Venezuela”.

A los pocos días de ese discurso, por cierto, Caldera acompañó al Presidente Pérez a una reunión en Atlanta sobre la deuda externa.

Podría referir muchísimos otros ejemplos, indispensables para valorar con justicia la posición de Caldera respecto a Chávez, su golpe militar y el deber de defender la democracia. Pero también podría Tovar revisar cualquier momento de la vida de Caldera, pues fueron más de 70 años entregados a construir la democracia y defender sus leyes e instituciones. Al afirmar lo contrario, recurriendo a la calumnia como lo hace en su documental, “La Peste” de Tovar no hace sino repetir y reforzar el sectarismo, la injusticia, y el odio que son, o debían ser, precisamente, los males que este documental estaba llamado a develar. Esto no era a lo que se refería Havel al hablar del deber de rescatar la memoria. Flaco servicio se hace a la lucha por la libertad al emular el método que el totalitarismo usa para pervertir en nuestras almas el respeto a la verdad. En el artículo arriba citado, Tovar anticipa el espíritu de su documental al decir que a los calderitos “es hora de mandarlos para el carajo” (sic). Ojalá que aprendamos a unir voluntades y esfuerzos para enfrentar al adversario común, en lugar de copiar sus viles métodos para destruirnos entre nosotros mismos. Acaso sea ésta justamente una de las principales claves del éxito del Pacto de Puntofijo, que fue posible por el compromiso de líderes que, como Betancourt y Caldera, antepusieron los intereses del país a sectarios objetivos particulares no obstante sus agudas diferencias políticas. No es otra cosa lo que merece de sus líderes políticos e intelectuales un pueblo que clama por recobrar su libertad. Y es que en definitiva no hay otro camino para derribar el totalitarismo que nos oprime.

F/Diariolasamericas.com

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